Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
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El 3 de mayo se celebra en todo el mundo el Día de la Libertad de Prensa, una efeméride que recuerda varias cosas: por un lado, el rol fundamental que tiene una prensa pluralista e independiente para toda sociedad democrática y, por otra parte –como decía el congreso de comunicación organizado por Utpba en 1998- que no hay democracia informativa sin democracia económica.
Todavía resuenan los ecos de lo que planteaba hace 25 años por el Informe MacBride, que descubría la lógica de funcionamiento de los medios masivos: la falta de pluralismo de las fuentes informativas, su concentración vertical y horizontal, la trasnacionalización... Sin embargo, a la par de esta cultura creció otra: la de los nuevos medios, con su propias desigualdades pero más descentralizada, participativa y reticular.
Mientras el informe anual de la organización Freedom House, con sede en Estados Unidos, señala que en los países latinoamericanos hay cada vez más dificultades para el ejercicio del periodismo independiente, la última década fue testigo del crecimiento asombroso de los blogs. Estos comenzaron siendo diarios personales o un registro de enlaces a noticias o materiales de interés encontrados en la Web, y fueron adaptándose a nuevos usos periodísticos.
Por citar sólo algunos ejemplos, mencionaremos al primer proyecto de “periodismo ciudadano o participativo” del país: Sosperiodista, que promueve la producción de artículos y fotos por parte de la gente común y periodistas amateurs; y los videos publicados en YouTube por los habitantes de la provincia de Santa Fe durante las inundaciones. En ambos casos se destaca la colaboración en la producción de noticias, que muestra la riqueza de la inteligencia colectiva por sobre los aportes individuales: uno de los principios fundamentales de la cultura de estos nuevos medios.
Decía el informe MacBride que “la comunicación es un intercambio permanente entre interlocutores iguales o al menos recíprocamente responsables. La comunicación basada en un intercambio y un diálogo libres, no solamente es más auténtica y más humana, sino que además constituye una mejor salvaguarda de la armonía social”.
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Libertades de Opinion y de Prensa en Argentina
por Joaquin E. Meabe (UNNE-Corrientes)
jmeabegigaredcom@gmail.com
Justamente, uno de los problemas centrales que conecta a la libertad de
prensa con la libertad académica es el conjunto de contenidos materiales en
los que se expresan opiniones sustantivas acerca de la propia vida social.
La libertad académica siempre ha estado atada a la libertad de opinión y la
libertad de opinión solo es posible cuando la prensa es libre. La
experiencia del historiador Eduardo R. Saguier debería servir aquí de
ejemplo. Los diarios le han dado la espalda a su denuncia penal (recaida en
el Juzgado Federal No.8, a cargo del Juez Marcelo Martínez de Georgi,
Secretaría No.15 de la Dra. Verónica Lara; y en la Fiscalía No.12 a cargo
del Dr. Oscar Amirante) pero Internet se ha abierto al debate en los
sitios,
los foros y los blogs http://www.salta21.com/spip.php?article2272 y en:
www.fmmeducacion.com.ar/Sisteduc/Unicienciaytecno/lanomenklatura_saguier.htm
El debate que nostros estamos haciendo en Corrientes con el libro de Saguier
titulado "La Nomenklatura Academica en la Cultura Argentina" relaciona la
libertad académica con la libertad de opinión y se canaliza por Internet en:
http://www.ellibrepensador.com/2009/08/23/la-nomenklatura-academica/
Sin embargo la industria cultural y la gran prensa no ha tomado nota del
asunto.
Quiza haya algo de complicidad en el silencio de los medios gráficos, pero
el síntoma es más complejo. En rigor, no se quiere hablar del asunto no
solo para no atentar contra intereses establecidos o enquistados en los
aparatos de poder. No se necesita hablar del asunto porque en definitiva no
hay asunto para la industria cultural y sus medios gráficos y de
comunicación audiovisual. Ya todo está asignado de manera que solo se habla
de lo establecido. Lo demás no hace falta tematizar.
No se trata solo de que no sea negocio. Se trata de afirmar todo un sistema
de adaptación en el que la complicidad es secundaria porque lo principal es
la ausencia de una agenda de debate acerca de la cuestión crucial de la
educación, la investigación y la ciencia creativa en Argentina.
Por lo visto la ciencia Argentina esta, para la industria de los medios de
comunicación, asignada a un mercado secundario y de actividades residuales.
También la política ha asumido ese compromiso residual que secundariza todo
y lo ajusta al interés del proveedor principal.
Incluso en ese esquema hace falta un poco de retórica adaptativa para que
todo no sea tan obvio. Y así se llega a un total oscurecimiento, a una
pérdida completa del objetivo por parte de la propia sociedad.
Brasil, Chile y Uruguay saben a donde quieren ir. Y eso se debate con
inusual intensidad. Lo mismo ocurre en EEUU y en Europa e incluso en Rusia
y en Japon. Parece que hasta en China y Cuba ha empezado gracias a
Internet. Aquí sin embargo nada de eso pasa.
Estamos entonces frente a un problema que demanda una demarcaciòn teórica.
Y se tiene razón: es un problema teórico. Pero como no hay agenda y no hay
tematización la libertad, y en especial la libertad de opinión y de
investigación, parece prescindible o en todo caso molesta porque todo ya
está arreglado y solo hay que formar fila en la lista de espera de la
corrupción. Eso es lo que estan haciendo los universitarios. Y como en el
dispositivo todo viene de arriba, o sea del poder ya estabecido, la
libertad de opinión en el campo de la ciencia resulta innecesaria lo mismo
que el debate y la controversia. Solo hay que ver donde encaja cada uno y
listo. Y así es fácil hablar de Carl Schmit, de los desaparecidos, de la
contaminación, de las misiones jesuíticas, de la funciòn ejemplar de la
clase ganadera bonaerense, e incluso hasta se puede hablar de Heidegger,
de Castoriadis o de Lenin.
Como se ve, estamos ante un dilema teórico. Libertad de antagonismo o
libertad de adaptación. Nuestros intelectuales y medios gráficos lo han
resuelto: antagonismo adaptado.
Por cierto, el resto, o sea nosotros, quedamos afuera y no queda otro
remdio más que la acciòn marginal en Internet, en sitios marginales y con
editoriales marginales. Y sobrevivimos relativamente porque hay mucha
laxitud. Pero apenas se pone una pica en Flandes como Saguier lo hizo la
determinación es inflexible: expulsar al indeseable que puede hablar
libremente en Internet porque no hay problema ya que nada se difunde
demasiado de manera que el sistema no peligra.
Hay mucho más pero creo que por todo esto empieza el asunto como problema
que debemos afrontar.
Joaquin E. Meabe
UNNE-Corrientes
jmeabegigaredcom@gmail.com
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