Sartre se cuestiona en Las Moscas (1943) la libertad vana (La edad de la razón, 1938). La libertad vana se expandió entre nosotros en la década de los 50; la literatura del café y de la calle, la noche, el placer de la vida que discurría, la bohemia, que muchos admiradores creyeron su deber copiarla como modo de vida, cuando ya Sartre intentaba superarla.
Se iniciaba una de las dos olas sartrianas que anegarían las creencias de algunos sectores medios: en los 50, el existencialismo.
Hoy llegamos a un Sartre olvidado, salvo por el calendario de la cultura francesa. Sin embargo, necio sería no recordarlo fuera de su aniversario, fuera de su mes, más allá de su muerte o de su natalicio y, sobre todo, fuera de su siglo francés.
Sartre nunca simpatizó con las convenciones; siempre satirizó el conflicto entre la sinceridad y la civilización; sabía que, a menudo, la vida consiste en posar, en hacernos ver por los otros porque la imagen de nosotros mismos que los otros nos ofrecen es una imagen que nos tranquiliza, porque es mas fácil obtener su aprobación que la de nuestra conciencia. Y, cuando el otro se rehúsa, se vuelve el infierno.
Las convenciones y las costumbres presentan el peligro de proporcionarnos máscaras.
Las mascaras que ofrece la civilización cubren a menudo actitudes desleales; alientan la mala fe.
Esta moral colectiva y formal no lleva consigo ninguna sinceridad. Es una moral que recubre la hipocresía y las injusticias de los poderosos.
Orestes (Las Moscas) no obedecerá a ese conformismo que siempre aconseja dejar las cosas como están: ¿Por qué castigar un asesinato cometido 20 años y turbar el orden establecido en nombre de una justicia caducada?.
La hipocresía oculta en ese argumento la que decide a obrar, Orestes descubre que puede elegir por si mismo, comprende su libertad y su responsabilidad: de repente, la libertad ha caído sobre mi y me ha pasmado, la naturaleza ha dado un salto hacia atrás...me he sentido completamente solo en medio del muy pequeño mundo benigno; y ya no hay nadie en el cielo, ni bien ni mal, ni nadie para darme ordenes.
Y entonces decide vengar la muerte de su padre.
Cuando Orestes descubre su voluntad de hacerse responsable, descubre, según Sartre, el sentido de la vida humana.
Así, evocar a Sartre sin el contexto de los años setenta en Argentina, sin su ola de los 60: anticolonialista, de intelectual comprometido y de política, sería una lectura de mala fe.
¿Cómo era la atmósfera cultural, social y política, de la época, que envolvía que impregnaba al imaginario argentino?
Si nos aplicáramos los propios términos de Sartre, una lectura de él sin los 60 sería como elegirnos ser objeto de la comedia social; sería elegir escindir nuestra conciencia; hacer como que no sabemos, ocultarnos a nosotros mismos la responsabilidad de nuestros actos, sabiendo que huimos de ellos porque no podemos soportar la angustia, que en esa época, nos generó nuestra libertad.
Así como los años sesenta fueron para Sartre, de radicalización de su conciencia anticolonialista; así fueron los setenta para nuestra conciencia nacional.
Sartre en los sesenta, recreó conflictivamente su existencialismo, vadeó su afirmación sobre el humanismo y radicalizó sus conceptos de solidaridad, responsabilidad y compromiso.
En los sesenta, deja sin terminar su Crítica de la Razón Dialéctica y, en cierto sentido, vuelve a la estructura conceptual del Ser y la Nada (Losada, 2004; 1943, 1ra. ed.): en las relaciones concretas con el otro, “el conflicto es el sentido originario del ser-para-otro” (SyN, 499)
Sartre describe, en las relaciones concretas con el otro (SyN, 495) el antagonismo por el reconocimiento de la propia subjetividad frente a la subjetividad del otro.
La mirada del otro enajena mi libertad; porque me transforma en una cosa distinta de mi-ser-para -si; pero también produce en mi un sentimiento “revolucionario”, la vergüenza (CT,13), y me obliga a elegir entre someterme o someterlo, recuperando mi libertad.
Se separa de Hegel, el conflicto no tiene solución.
En los sesenta Sartre plantea a Francia: para Argelia, la descolonización.
Sartre es un nudo en el inconsciente colectivo que agita la identidad política del movimiento popular, de la época, en Argentina.
Sartre le hablaba a los franceses y nosotros leíamos lo que Sartre le decía a los franceses.
Sartre le decía, a los franceses, y nosotros leíamos lo que Sartre le decía a los franceses: les decía, en 1961, Que cada cual reflexione como quiera, con tal que reflexione(...) Les decía, a los franceses, que (...)hay que afrontar un espectáculo inesperado: el striptease de nuestro humanismo (...) una ideología mentirosa, la exquisita justificación del pillaje (CT, 23) un humanismo racista, puesto que el europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y monstruos” (CT, 24)
Sartre les decía a los franceses que ese libro no necesitaba un prefacio. Sobre todo porque no se dirige a nosotros (los franceses); que el Dr. Fanon, en su obra, habla de ustedes ( de los europeos, de los franceses), pero jamás a ustedes (europeos, franceses) (CT,9) (...) por el contrario solo habla, lo hace para sus hermanos (CT, 10) “En un a palabra, el Tercer Mundo se descubre y se expresa a través de esa voz.. (CT, 10).
Pero, decía Sartre, mi honestidad intelectual me obliga y escribí, el Prefacio a los Condenados de la Tierra, del Dr. Franz Fanon, porque no podía, decía Sartre, dejar de testimoniar, como militante intelectual comprometido con la política, que simplemente, habíamos dejado de ser los sujetos de la historia y que ahora solo eramos sus objetos.(CT,25)
No podía dejar de advertir a los europeos que la relación de fuerzas se había invertido, y que la descolonización estaba en camino. (CT, 25)
La experiencia argelina era un campo de experimentación de las fuerzas sociales.
Se enfrentaban, paradigmáticamente, Amo y esclavo, civilización y barbarie.
Argentina no era ajena.
¿Acaso podíamos no leer, los argentinos, a fines de los sesenta y principios de los 70 en el prefacio a Los condenados de la tierra? que vino otra generación, y, -decía Sartre- trataron de explicarnos que nuestros valores no se ajustaban a la verdad de su vida, que no podían ni rechazarlos del todo ni asimilarlos. Que eso quería decir, mas o menos: ustedes (los europeos) nos han convertido ( a nosotros, los indígenas, los colonizados) en monstruos, que su humanismo pretende que somos universales pero sus practicas racistas nos particularizan.
Reclamar y negar, a la vez la condición humanan es una contradicción explosiva. Y hace explosión. Vivimos en la época de la deflagración (CT, 19)
Por cierto no se trataba de otorgar la integración, se habría arruinado el sistema que descansa, como ustedes saben, en la sobreexplotación . (CT 8) ( negrita mía)
Europa cargada de riquezas, otorgo de jure la humanidad a todos los habitantes y hoy un hombre , entre nosotros , (europeos) quiere decir un cómplice pues todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial.
Entonces, a qué vienen , franceses, esas quejas, esos reproches, esa mala fe que dice que bello predicar la no violencia; que dice ni víctimas ni verdugos. Vamos (CT, 23) Debo deciros, decía Sartre, que quizá la “no violencia” podría poner fin a la querella si la violencia acaba de empezar. Pero si el régimen todo y hasta sus ideas sobre la no violencia están condicionados por una opresión milenaria , (la) pasividad sirve para alinearlos del lado de los opresores(…)( CT, 23).
Franceses, decía Sartre, comprendan que lo que se pone en duda, es la generosidad misma, condición otorgada. Para los hombres de enfrente, nuevos, liberados, nadie tienen el poder ni el privilegio de dar nada a nadie. Cada uno tiene todos los derechos.(CT, 25)
Como verán ustedes, escribía Sartre, las “cacerías de ratas” de Argel nos obliga a responde a esa pregunta sucia ¿Dónde están ahora los salvajes? ¿Dónde está la barbarie? ( CT, 26).
Me parece un trabajo excelente y accesible, me encantó volver a traer a Sarte al debate intelectual en esta época
Me parece un trabajo excelente y accesible, me encantó volver a traer a Sarte al debate intelectual en esta época
Me parece un trabajo excelente y accesible, me encantó volver a traer a Sarte al debate intelectual en esta época
Excelente trabajo. Festejo el esfuerzo de escribir más claves que ayuden a leer/ reflexionar sobre nuestra propia historia, contextualizando ideas y reflexiones de época. El presente necesita redescubrir ciertos autores.
Sartre cabalga sobre sus novelas con maestria sorprendente. No quisiera ser quien siempre pone nombres como existencialismo o sartriano ala manera de pensar de algunos hombres, pero si merefiero a que hablan sobre que los on los menciono como imitadores y no seguidores, muy pesimos acores. Ahora mucho se le recrimina ese materialismo que veces nos da nausea, saboreamos por un momento con extasis la nada y el sabor de la libertad, despues el sabor se vuelve aburrido, yo no quiero tener el poder de mi existencia, es un peso mu grande, que alguien elija por mi, y nos turnamos la naturaleza y yo la direccion d emi vida. Es como una rata que desea estar bajo el poder del hombre porque el lo alimentara y no bajo la naturaleza porque tendra que pelear con ella.
y luego me encuentro con los restos de la ratay lloro por la rata muerta, pobre rata, pobrecita, yo elegi por ti. Sigan leyendo despacio y tropezando
el articulo antes publicado es falto de profundidad se escojen items de qui y alla y no se enfoca realmente aser un comentario si no una sopa de letras
Me parece fantastico que este material esté en circulación para leerlo y reflexionar. Para recuperar esas voces y hacerlas propias a traves de la interpretación. Sartre nos pone de frente a nuestra humanidad a traves de su palabra ojala pudieramos ver lo que este espejo nos muestra y tal vez seriamos mas humanos...
Me parece importantisimo volver a las posturas sartrianas, necesitamos expandir su sentido de compromiso y sus cuestionamientos existenciales: mas hoy, que la gente se tiene a si misma como cosa en el fluir continuo e incesante del tiempo. que sartre contamine los corazones de todos nosotros, solo asi podremos sacar este mundo adelante (con o sin Dios)...
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