"Los intelectuales deben ceder los pensamientos, pero no la máquina de pensar"
Pensamiento/Acción iconoclasta
La diferencia entre "sujeto ético" y "sujeto disciplinado"; una polémica reformulación del complejo de Edipo; la observación de que un mensaje puede no tener emisor pero debe, y es crucial, tener destinatario: estas y otras ideas dejó planteadas Silvia Bleichmar que, a los 62 años, murió el miércoles de la semana pasada.
Hace una semana murieron con apenas 24 horas de diferencia Michelangelo Antonioni e Ingmar Bergman. Nunca hemos hecho en esta sección un detalle de los grandes inventores de las formas de pensar, narrar, diseñar, intervenir y ayudar a entender el mundo que hemos perdido en los últimos doce años, pero sin extraviarnos en el inventario comprobamos que inexorablemente se van yendo los mejores, los más lúcidos, los inmarcesibles, aquellos que escapan a cualquier clasificación y que jamás transaron con los poderes establecidos y mucho menos claudicaron en sus visiones y misiones, juntando con una habilidad única la teoría con la praxis.
En la Argentina, donde hay tan pocos que piensan y hacen –y donde sobran los fundamentalistas de todo tipo, incluyendo a los fundamentalistas republicanos– hace 3 años perdimos a Ignacio Lewkowicz, un teórico de fuste que tenía muchísimo aún que dar y de quien en estos días estamos asistiendo a la publicación póstuma de La historia sin objeto.
La semana pasada fue el turno de Silvia Bleichmar, una psicoanalista de teorías tomar, que en su plenitud cayó por un cáncer. Porque la plenitud se dice de muchas maneras distintas. En su plenitud (florecimiento decían los griegos de quien recién desplegaba todo su potencial a los 40 años) estaba Ignacio, y en su plenitud también estaba Silvia –con sus 62 años recién cumplidos–, aunque su obra hubiese sido mucho más frondosa y sus acciones mucho más visibles y efectivas que las de Ignacio, aunque toda competencia en estos menesteres es absurda.
Inicio tardío, partida temprana
Conocí a Silvia en 1994. Me contactó para formar parte de un grupo de no psicoanalistas con quienes quería dialogar en plena expansión de la interdisciplinariedad. La propuesta era encontrarnos, charlar y bocetar ideas (en su casa de la calle Talcahuano que daba a la plaza Libertad, del otro lado del augusto Teatro Colón) que serían presentadas en un debate público que tendría lugar muchos meses más tarde en el Colegio Nacional Buenos Aires.
Fue de la partida Martín Vul, como coordinador, y el evento –que recorrió un espinel que rara vez se sigue en nuestras latitudes– cumplió con todas nuestras expectativas y deseos. Los convocados fuimos Aníbal Ford, Alberto Kornblitt, Ricardo Bernardi, Luis Hornstein, Francisco Naishtat, Denise Najmanovich, Janine Puguet y Fernando Ulloa.
Mucha discusión previa, una excelente convocatoria, un lleno total de público en la impactante Sala Magna, que pisaba por primera vez en mi vida. Mucha discusión y mucho interés del público y finalmente una excelente publicación Temporalidad, determinación y azar. Lo reversible y lo irreversible Paidós, 1994, con los 10 trabajos y exposiciones y un cuidadoso prólogo a cargo de Silvia, en el que articulaba en forma vehemente pero bien lograda las necesidades de revitalizar el psicoanálisis a través de un diálogo crítico con otras disciplinas, en particular las ciencias duras, la filosofía y la epistemología.
Para Silvia en el origen de esta convocatoria subyacían sólo las nociones preinterpretadas de azar, determinación, temporalidad –tales como aparecen en el mundo de la vida– y el desafío de controlar las diferentes construcciones a que dan lugar, desde las categorías y relevancias apuntadas por cada uno de los autores. El lector, por su parte, debería situar en su recorrido de los textos los múltiples caminos y aires de familia por donde la problemática se amplía y profundiza.
Movida por la urgencia y la vehemencia hacía las preguntas que un psicoanálisis adocenado hacía rato que no quería escuchar: ¿podrá posicionarse el psicoanálisis como campo del conocimiento a la altura del siglo XXI?, ¿caerá –como la alquimia ante la química– frente al avance arrollador de otros continentes científicos?
Segundas partes que no fueron
Silvia volvió a contactarme a principios del 2002, cuando el país se había venido abajo. Junto a un grupo de intelectuales quería juntar fuerzas entre tanta energía desilusionada e imaginó hacer patriada en un formato similar al anterior, pero masivo y mucho más amplio en temáticas y voluntades. No funcionó, al menos conmigo, pero ella no se amilanó.
Silvia escribió muchos libros sofisticados y técnicos de los cuales alcance a pispear algunos, como En los orígenes del sujeto psíquico, La fundación del inconsciente y Clínica psicoanalítica y neogénesis, sin entenderlos como se merecían. En los últimos años cambió el tono y el interés y dedicó con igual vehemencia y fineza su inteligencia –como bien dijo Juan Carlos Volnovich, en esos días contagiaba socráticamente a la de cualquiera, aunque no le llegara a la suela de sus zapatos–- a entender nuestro presente.
Publicó dos libros en esta dirección que dieron –y darán– mucho que hablar y pensar durante largo tiempo: su Dolor país (Zorzal 2002) y recientemente su No me hubiese gustado morir en los 90 (Taurus, 2006). Fueron ambos un bálsamo y una alternativa ante tanto denuncialismo barato, ante tanta deontología poco creíble y ante tantos llamados a inventar un futuro distinto, cuando quienes los vaticinan y pontifican son incapaces de hacer nada más que hablar y escribir en el aquí y ahora.
Estado ausente, subjetividad aniquilada, vidas reinventadas
Como muy pocos Silvia examinó a fondo las consecuencias que tuvo el retiro del Estado en la subjetividad –el saldo objetivo de millones de desocupados, un altísimo nivel de pobreza, una educación degradada–, pero sin perder de vista lo que ella llamaba "las reservas fenomenales" de la gente. La recuperación del "valor esperanza": que el cuerpo agobiado de la sociedad civil encuentre un alivio, una brecha, no convirtieron sin embargo a la psicoanalista en una intelectual complaciente y satisfecha como hay tantos por aquí.
La vida de Silvia estuvo cruzada por el exilio pero ella lo reinventó creativamente como pocos. En vez de llorar y quejarse, tanto en México como en Francia convirtió la acogida y el puente hacia un futuro en palancas que terminaron en títulos y oropeles, en doctorados y cátedras pero también en experiencias prácticas y políticas: ya fuera como cuando en México formó parte de proyectos de Unicef de asistencia a las víctimas infantiles del terremoto de 1985, o cuando integró el proyecto de ayuda psicológica a los afectados por el atentado contra la AMIA, en 1994.
Eligió a Jean Laplanche como su director de tesis porque lo consideraba el más freudiano de los lacanianos, a lo que este le respondió con una finta digna de su discípula: que él se consideraba el más lacaniano de los freudianos.
Mientras que las luchas teóricas de papel en la Argentina siguen contraponiendo las vulgatas lacaniana y freudiana, Silvia se pronunció siempre por una tercera posición. Mientras que todavía hay quienes machacan a diestra y siniestra el valor abstracto del pensamiento y la necesidad de liberar a la teoría de la política, y por el otro lado hay quienes no tienen miedo de embeber políticas necesarias en pensamientos escrachados, Silvia se plantó firme y defendió con el mismo ahínco y contundencia el derecho a un pensamiento critico y a una acción comprometida sin someter ninguno de los dos términos de la ecuación al otro.
Los intelectuales tienen que ceder los pensamientos, pero no la máquina de pensar
Lúcida como pocas antes la dificultad que plantea el kirchnerismo como política activa y necesaria, más allá de su constante tentación hacia la autocracia y el hegemonismo, se pronunció al mismo tiempo por la independencia intelectual y por el compromiso con causas necesitadas de la intervención inteligente.
No se consideró a sí misma una kirchnerista. Pero tenía respeto por el Presidente, que no es lo mismo que ser una kirchnerista. Para ella la diferencia estaba en que los intelectuales tienen que ceder los pensamientos, pero no la máquina de pensar. Los instrumentos de producción no se pueden ceder: "Puedo colaborar con los ministerios y en todo lo que se me solicite porque pienso que hay buenas intenciones en educación, en cultura, pero de ninguna manera me embanderaría en una propuesta política mientras la sociedad civil no logre una politización más alta o saludable. Yo me embanderaría en un proyecto, que es muy diferente".
Comparto el saludo que su nieto le hace en el weblog del diario La Nación, cuando sostiene: Nos entregas muchísimas herramientas y aprendemos de tu fuerza para atravesar pobrezas naturalizadas. Somos muchas las personas que podemos seguir adelante y queremos. Estás salvando a una generación de niños a través de tu trabajo y tus discípulos. Estás salvando nuestro futuro y el de tus nietos; más de que lo que un abuelo puede soñar.
Con abuelas como Silvia no todo está perdido. Como siempre, me lamento de haberla frecuentado tan poco y de no haberla –salvo una felicitación que le mandé por su página web cuando recién la abrió– frecuentado más.
Hace unos días me sorprendí al recibir un correo electrónico en el que se me indicaba su actualización, mientras ella agonizaba. La voz popular, el padre de doña Rosa, quiere seguir haciéndonos creer que cuando nos juntamos los argentinos somos menos.
La vida y la trayectoria de Silvia muestran por el contrario que voces y alientos como los suyos merecían una oreja más atenta y una disposición más abierta para formar parte de estos mundos pequeños que apalancados en las reservas fenomenales y en el valor esperanza permitan diseñar una Argentina y un mundo mejores.
La muerte de Silvia supone una interrupción de la reconciliación tan necesaria como difícil entre teoría y práctica, entre proyecto y políticas, entre inteligibilidad y diseño. Otros deberán retomarla. Más deberán profundizarla.
Referencias
“Cuando hablás está menos oscuro” Texto extractado de la clase Nº 1 del Seminario “La construcción del sujeto ético”, dictada el 10 de abril de 2006. Publicado por Página/12 el Jueves 23 de agosto de 2007
Compleja y exquisita entrevista realizada por Emilia Cuto en El Sigma
Qué lamentable pérdida!
Lamento no haberla conocido más ya que, por las pocas veces que la vi en TV, me di cuenta que tenía mucho para enseñar.
Nos queda su ejemplo y trayectoria.
Solamente expresar mi admiración y respeto hacia una gran mujer que con sus sabias palabras y pensamiento crítico de la realidad ha dejado una huella imborrable en los educadores. Envio a su familia mis saludos sinceros.
Realmente estas perdidas se lamentan y solo unos pocos las conocemos.
Dejo mis saludos a la familia
Conferencia de Silvia Bleichmar en Internet
Homenaje a Silvia Bleichmar
Queremos expresar nuestro homenaje a Silvia Bleichmar, a quien recordamos con afecto y gratitud. A fin de contribuir a la circulación de su pensamiento, hemos puesto en línea la Conferencia que Silvia diera en las Jornadas 2006 por los 10 años de Ediciones de EL CAMPO PSi. Revista de Información Especializada
Para ver y escuchar esta Conferencia ingresar a:
www.campopsi.com.ar/SilviaBleichmar
Mi gratitud, admiración y agradecimiento a
Silvia Bleichmar por todo lo que nos enseñó
en México
Retuve su nombre por leerla en notas de opinión en el diario Clarín. Inmediatamente me identifiqué con su pensamiento, por ser tan directa y sincera. Sus notas me siguen resultando muy movilizantes. Y ahora que sé algo más de ella voy a comprar sus libros. Me entrestice descubrir que murió porque quise saber algo de ella para hacerle llegar una carta agradeciéndole y manifestándole mi profunda admiración y afecto.
A Silvia Bleichmar siempre se le considero como la nueva Rigoberto Menchu, por su ideologia y basto conociemiento en el campo que se desempeña, sin embargo siempre quedo como una futura promesa. Cheap Viagra Online
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