Un asunto mucho más espinoso que Boca vs. River
El acuerdo del desacuerdo
Después de tres días de interminables negociaciones, más de 500 personas apiñadas en una inmensa sala finalmente llegaron a un no-acuerdo, es decir llegaron a un acuerdo sobre el desacuerdo. Algo parecido pasó en la Cumbre de Mar del Plata –saldada con propuestas contradictorias de las dos partes–, y podríamos ver que este tipo de desavenencias podrían multiplicarse cada vez más en las reuniones internacionales, que oscilan entre el consenso vacío o la guerra de posiciones inconciliables.
Claro, la observación fácil sería decir que todo se debe a la intransigencia de los EE.UU., a su abandono del multilateralismo y a su voraz voluntad de imponer por la fuerza lo que no puede lograr por imperio de la diplomacia. Un signo de debilidad, un testimonio de arrogancia e impotencia. Puede ser.
Pero como cualquier conclusión demasiado rápida, esta es un tanto ramplona e ingenua. Porque el tema de la gobernanza (o management) de internet es mucho más complejo que lo que las posiciones en danza permiten entrever. Y reducirlo al encontronazo permanente y conocido entre EE.UU. y los países pobres, –con una Europa que se habría hecho la desentendida antes, pero que enojada con Bush por la invasión unilateral de Irak ahora se habría puesto del lado de los desposeídos— es una nueva leyenda urbana, que poco o nada tiene que ver con los infinitos intereses realmente en juego.
La cumbre de Túnez nunca tuvo lugar
Estuvimos en Túnez. Decir que estuvimos en Túnez es un tanto exagerado. Aterrizamos en Túnez, dormimos en Túnez, paseamos por Túnez y hasta entramos a la sala de plenarias en Túnez, pero no estuvimos en ningún lugar donde se tomaran las decisiones. Todo fue limitado, hubo muchos tipos de turistas en esta excursión y si no se tenía, además de la acreditación oficial, pases (diplomáticos, periodísticos, privilegiados, etc.) uno ahí era un outsider como los que se quedaron en casa. O como la mayoría de los tunecinos que ni siquiera la vieron por la TV.
En Túnez sentimos en carne propia esa exclusión planificada cuando no pudimos asistir a la sesión plenaria de apertura (sólo podían hacerlo 4 personas por delegación), cuando no pudimos ver la primera presentación de Negroponte, porque no teníamos pase de prensa, etc., etc.
En cuanto a la calidad de las presentaciones de las más de las 300 sesiones paralelas oscilaron entre la nimiedad, lo previsible y, como rara excepción, la calidad. Se entiende: hubo gente que tuvo que hablar en los pasillos (como le pasó a Mauricio Moreno de educarchile), hubo gente que tuvo que hablar entre una babel de idiomas (como le pasó a las expositoras en la mesa de Gloria Bonder), hubo muchísimas presentaciones institucionales y cuasi comerciales (como la que hizo sobre Wi-Max Craig Barrett, con quien charlamos unos minutos), pero de lo que importa y de lo que nos gustaría saber más, como este tema de la gobernanza, de eso no se habló explicitamente, sobre eso no hubo discusiones a fondo.
¿Quien gobernará internet después de septiembre del 2006?
Por eso, retomemos le pregunta que se hizo el diario local La Presse –impulsor voraz del culto de la personalidad del presidente Ben Ali– en su edición del día miércoles 16 de noviembre en su versión WSIS. Que no es nada más ni nada menos que la consabida: ¿quien gobernará internet después de septiembre del 2006?
La postura del diario era la del gobierno tunecino, la postura del diario era la de la Unión Europea, la postura del diario era la de Brasil, India y China, la postura del diario era la de todos los países del mundo, con la única y solitaria excepción de los EE.UU. A saber, que la regulación de internet no debía quedar más en manos de los EE.UU., y debía pasar a una agencia de las Naciones Unidas: a la ITU, a un nuevo consorcio, etcétera.
Como se repite por ahí, de lo que se trataría básicamente es de un conflicto entre la posición de las Naciones Unidas (justa, equilibrada, multilateral) y el deseo de EE.UU. de que la administración de los nombres de dominio siga reservada a ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) –que tiene un contrato con el Departamento de Comercio de EE.UU. desde 1998 que vence en septiembre de 2006– dogmática, unilateral, hegemónica y antidiplomática.
Para el diario, es decir para la posición antinorteamericana, el argumento de estos últimos es insostenible. ¿Por qué se arrogan que internet es una creación suya? ¿Por qué insisten en que la gran inversión económica la hicieron ellos? ¿Por qué creen que la mejor manera de administrar la red es la suya, si después de todo hasta ahora funcionó relativamente bien, pero quién garantiza que ocurrirá así en el futuro?
El diario (el gobierno tunecino), siguiendo la opinión de la ONU y de la ITU de pronto descubrió la rueda. A saber, que en un mundo global, donde la información tiene una importancia estratégica, un instrumento vital como internet no puede (no debe, no corresponde) que siga siendo regulado por un solo país, aunque ese país haya jugado un rol preponderante en su desarrollo.
Siguiendo con este argumento, la invasión a Irak demostraría que EE.UU. ya no cree en el internacionalismo desarmado, y del mismo modo en que si lo desea invade a un país (ex) soberano como Irak, ¿por qué no podrían si así lo desearan con igual candidez bloquear los DNS? Por todo lo anterior, los norteamericanos deberían ser sensatos, deponer su intransigencia y alegre y felizmente mudar ICANN a Ginebra y ponerla bajo la égida de la ITU.
Mucho ruido y pocas nueces
La presentación del problema es demasiado trivial como para avanzar en la discusión. Por suerte hay gente que sabe muy bien de qué se trata y que se ha tomado el trabajo de investigar la cosa con mucho detalle. Es el caso de Jivan Kurbalija y del argentino Ed Gelbstein, quienes han armado un impresionante informe Gobernanza de Internet. Asuntos, actores y brechas en el que muestran los infinitos detalles y elementos que hay que tomar en cuenta si queremos hablar en serio de estas cuestiones.
Además es imposible avanzar en el tema sin mostrar los intereses bien concretos que subyacen a las distintas propuestas políticas de gobernanza de la red. Antes de mostrar en qué consiste el cubo de la gobernanza de internet y cuáles son algunos de los más de 47 temas en cinco líneas que arman un mapa de la su gobernanza, vayamos a una cuestión muy concreta que muestra lo que está en juego detrás de la supuesta dicotomía EE.UU.= malo / ONU = bueno.
¿De qué estábamos hablando cuando hablamos de gobernanza de internet?, ¿por qué Brasil, India y la UE quisieron arrebatársela a EE.UU.?, ¿por qué la Argentina quiso imponer una posición conciliadora, que finalmente fue adoptada por el plenario que no tiene efectos vinculantes, carece de agenda, y antes que ninguna otra cosa implica patear para adelante lo que es insoluble hoy? (Aunque los efectos recién se verán a larguísimo plazo... pero de eso trata la diplomacia ¿no?).
¿Cuál es el objetivo de regular internet? ¿Y por qué no vemos que no vemos que las killer applications son los nuevos formatos y géneros?
Como el toro se puede tomar por muchas astas, cambiemos un poco el eje de la discusión y en vez de seguir rumiando quién debe regular a Internet, si EE.UU. o la ITU, si las Naciones Unidas o algún conjunto de países, insistiendo en quiénes son los buenos o los malos de la película, preguntémonos cuál es el objetivo de regular internet.
Como hemos visto últimamente, con la ampliación de la banda ancha lo que empiezan a entreverse como killers applications a futuro son precisamente los programas de TV. Por ello queda claro que la cuestión de la gobernanza está muy atada (entre otros factores) a cómo y quién regulará los programas de televisión (pero también muchos otros servicios) que se están empezando a trasmitir por la banda ancha.
Dicho sea de paso, que los reguladores jamás se interesen (aparentemente) por los contenidos, que los técnicos descuiden completamente la agenda de los formatos y los géneros, que las compañías presionen por el lado de ganar más, pero del otro lado no haya nadie estudiando en detalle la correlación entre consumo digital y futuro de las redes, muestra cuán fragmentado está el campo, y por qué constantemente se están tomando decisiones erradas desde todos los wines.
Actualmente hay tres modelos de regulación de la TV en internet.
El primero lleva a tratar a los proveedores de servicios de banda ancha (TV por cable y compañías de teléfono) como prensa impresa. Al igual que cualquier otro periódico podrían decidir qué contenidos querrían transmitir y a cuáles otros proveedores de información podría accederse desde sus sitios web. En este modelo se supone que las fuerzas de mercado generarán el acceso a los proveedores de información. Este es el enfoque adoptado por la FCC para EE.UU.
El segundo modelo se denomina "transporte común" y ha sido el sistema básico para los proveedores de telecomunicaciones. Los usuarios pueden acceder a cualquier aplicación o contenido legal, y el proveedor de banda ancha no puede actuar de filtro. Este enfoque es neutral respecto de la red y es el defendido por los grupos que se preocupan por los intereses públicos. Es también el modelo tradicional y dominante de uso de internet, altamente satisfactorio hasta el momento.
No puede considerárselo empero como totalmente desregulado, ya que los proveedores de banda ancha están obligados legalmente a mantener sus conexiones abiertas y no discriminatorias (salvo cuando se emberrinchan, como pasó al principio en la Argentina mientras no hubo NAP local, y como volvió a pasar hace un par de años cuando los cuatro principales ISP se oligopolizaron buscando cobrarle más a los chiquitos).
En ambos casos hay argumentos muy fuertes en favor de la libertad de expresión que enarbola el modelo. La principal diferencia es identificar quiénes son los beneficiarios principales de la libertad: si los proveedores o los usuarios. Menudo detalle.
El tercer enfoque en cambio aboga expresamente por una intervención estatal. Se trata de concebir a la TV que se transmite por internet como una variante de la televisión común y corriente, y de otorgar las respectivas licencias a través de un cuerpo gubernamental.
Este enfoque es el que ha adoptado Corea del Sur, nada casualmente el líder mundial en banda ancha, y exige licencias estatales a ser asignadas a los proveedores de internet. Por ahora el gobierno no ha adjudicado estas licencias, probablemente salvaguardando el nicho de mercado de la televisión por cable. Esta es también la política que está desarrollando la Unión Europea, que está tratando de imponer protocolos de transmisión de TV por internet comerciales de acuerdo a reglas.
De limitaciones, regulaciones, intereses y vivillos, que siempre los hay
Históricamente, el licenciamiento y la regulación de la televisión abierta se debieron a la limitación del ancho de banda, y a la necesidad de adjudicarla de acuerdo al interés público, con lo ambiguo y confuso que eso puede ser.
Pero en el caso de la televisión por internet esos criterios son claramente inaplicables. El contenido a transmitir puede ser ilimitado, lo mismo que sucede en el territorio de la prensa escrita, que no está sometida a ninguna obligación, ni imparcialidad, ni racionamiento.
Así las cosas, lo que vemos intentar imponer son modelos regulatorios de transmisión para medios que no son de irradiación. Si el futuro de todos los medios pasa por la banda ancha, siguiendo esta tendencia lo que veríamos sería una regulación de los medios casi absoluta.
En esta variante es más que evidente que los países, a título individual, podrían interrumpir o alterar el libre flujo de las conversaciones interneteanas. Nada casualmente Túnez, que viene de festejar su apoteosis de la información con 23.000 invitados, y que encima nos regaló de despedida una sala VIP para pasajeros de clase turista de un lujo inusual, lo está haciendo, más allá de estas concesiones pasajeras, mayormente for export.
Sólo que internet no se arredra ante estas estratagemas, y los límites nacionales siempre pueden ser cortocicuiteados con accesos internacionales de un tipo u otro (eso ya pasaba hace 10 años con las conexiones dial-up internacionales, y está en los orígenes de la libertad de expresión, sólo para los que podían pagar esas conexiones carísimas).
Lo que se está buscando ahora (entretejido en las discusiones de la gobernanza pero bastante invisible en las discusiones públicas), es legitimar esos cierres de fronteras mediante el uso de firewalls regulados legislativamente a nivel internacional. Por lo que a esta altura podemos ver más que claramente que limitar la discusión de la gobernanza de internet a la administración del sistema de dominios (en rigor se trata de cuatro discusiones simultáneas: esa y otras tres relativas a protocolos de internet, servidores raíz y estándares técnicos) es por lo menos una ingenuidad, y probablemente una gaffe epistemológico-política de proporciones mayores.
Constitucionalismo interneteano
Siguiendo esta línea de razonamiento es más que importante insistir en que cualquier regulación internacional de internet debe basarse en principios constitucionales previos. Así muchos analistas están proponiendo reglas fuertes en contra de la restricción gubernamental de los flujos de información en la red, parecidos a los que EE.UU. ha escrito de manera indeleble en la Primera Enmienda de la Constitución, que protege la libre expresión y la prensa en ese país.
Una regla de estas características debería ser clara y no ambigua. Cualquier regulación de menos entidad o poder no serviría de mucho, ya que siempre se podría conseguir alguna coalición internacional para devaluarla
Según estos mismos analistas esta situación le da a EE.UU. una interesante alternativa, sacándolo de la posición defensiva en la que está ahora (y que se coronó en Túnez al dejarla sola contra los otros 174 países), y llevándola a un status mucho más propositivo y activo.
De este modo una sustitución en la gobernanza a manos de cuerpos internacionales debería ir de la mano de la introducción de una enmienda de este tipo, una declaración de libertad para el flujo global de la información en la red.
Así, la cesión de la gobernanza podría ser vista por EE.UU. como una extensión de su texto constitucional al concierto de países. El argumento es claro: o todo o nada. O se consigue esto (que es prácticamente impensable en muchísimos países del mundo incluyendo Túnez, para no decir nada de los casos de Arabia Saudí, Belarús, Birmania, Corea del Norte, Irán, Libia, Maldivas, Nepal, Uzbekistán, Siria, Turkmenistán y Vietnam) o la gobernanza debería quedar sí o sí del lado de EE.UU.
Porque en ese caso se acusa a los regulacionistas de estar hiperregulando la red y generando un sistema de censura global legítimo, con lo cual lo que se pierde por la no regulación yanqui se convierte en definitiva en la peor encarnación del Big Brother norteamericano.
¿Otra vez un empate? ¿Otra vez un largo rodeo para quedarnos en el mismo lugar? Mas allá de los discursos triunfalistas –especialmente exhibidos en la prensa tunecina y en La Presse el diario apologético del presidente Ben Ali–, en Túnez se desnudó mucho más el acuerdo acerca del desacuerdo que cualquier otra solución mágica. Lo que no está tan mal, después de todo. Porque la única verdad es la realidad, y ya nadie se puede hacer el distraído.
Me parece bueno que se pueda conocer acerca de este importante tema, y la creaciòn de institutos mediante consensos internacionales, a futuro.
la importancia del gobierno digital el valor de la sociedad de la informacion
el valor de la informacion y de nuestros derechos , la libertad de exprecion la fuerza mas grande del ciudadano es su inteligencia la importancia de la intefgracion de la sociedAD DE LA INFORMACION CON RETROALIMENTACION A LAS SOCIEDADES REALES SON TAN IMPORTANTES PUES ES DERECHOS DE TODOS LOS CIUDADANOS SABER SU POTENCIAL DESCUBRIR CUAL ES SU NUEVA TOPOLOGIA Y DESCUBRIR CON LAS TIC S SU ARETOLOGIA LA IMPORTANCIA DEL COMPORTAMIENTE Y EL AVANCE DE NUESTRA PRODUCCION..
ARGENTINOS DEL SIGLO XXI
ME PARESE Q TODO SER ES LIBRE DE PUBLICAR Y PENSAR LO Q ES DE CADA QUIEN ASI NADIE TIENE LA SUFICIENTE CAPACIDAD DE SER PERFECTO ASI Q ESPEREMOS LO COMPRENDAN Y RESPETEN A TODO SE Q SE TOPEN.
gobierno digital
¿Pura retórica postmoderna o reales efectos de la avanzada tecnológica en el terreno de la cultura política y social?
Positivo, pero restan por subsanar y madurar varios aspectos básicos de una real democracia en nuestro país