¿Cuántas personas se interesan por tu perfil de Facebook? ¿Cuántos amigos sumás? ¿Firman tu fotolog? Aquí, una controvertida nota que vincula estos hechos, entre otros, con cuestiones genéticas
Un llamativo informe de la universidad de San Diego, Estados Unidos, y tomado por la revista virtual Tendencias 21 hace algunos días, señala que la predisposición genética de los seres humanos determina su ubicación en las redes sociales.
La noticia indica que “un equipo de investigadores de la Harvard Medical School y de la UC de San Diego, ambas de los Estados Unidos, han examinado por vez primera las características heredadas presentes en las redes sociales, determinando así el papel de la genética en la formación y configuración de dichas redes”.(…)
Por ejemplo, la investigación reveló que la popularidad de un individuo, considerada como el número de veces que es mentado por los demás como “amigo”, es una característica básicamente hereditaria. Por otra parte, la posición que cada individuo ocupa dentro de una red social -la tendencia a ser el centro o permanecer al margen en cualquier grupo- está también relacionada con la genética. (…) Entre estos datos se escogieron los de 1100 gemelos idénticos y mellizos. Dado que los primeros presentan idéntica información genética, y que los mellizos son el fruto de dos óvulos y dos espermatozoides diferentes, los científicos compararon las redes sociales que formaban los gemelos idénticos, y las que formaban los mellizos.
Así, descubrieron que entre los gemelos había muchas más similitudes en su forma de desenvolverse socialmente que en el caso de los mellizos. Es decir, que las personas con genes similares presentaban conductas sociales parecidas. Pero esto no es todo, la misma revista remarca que, en base a los resultados obtenidos por este grupo de científicos, la selección natural habría jugado un importante papel en la evolución de las redes sociales, ya que en ellas el rol que desempeña cada uno de nosotros vendría determinado por los genes, que nos definirían como socialmente “centrales” o como “marginales”.
Hablemos un poco de la selección natural
La selección natural , en biología, es un proceso por el cual los efectos ambientales (falta de recursos, cambios geológicos, llegada de nuevas especies) conducen a un grado variable de éxito reproductivo entre los individuos de una población de organismos con características, o rasgos, diferentes y heredables.
A su vez, en El origen de las especies, Darwin enuncia que “existen organismos que se reproducen y la progenie hereda características de sus progenitores, existen variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente”. Aquí va un informe de la TVE que completa esta información.
El doctor Carlos Pachuk es médico psiquiatra. Contesta aquí algunas preguntas que surgen a partir de la lectura de la nota comentada.
—¿ Cómo piensa la relación entre genética y ciencias del comportamiento?
—Heidegger decía que “la ciencia no piensa, conoce”. ¡Cuánta razón tenía! Estos estudios están basados en una metodología científica que no cuestiona su origen epistemológico. No dicen que su fundamento es un determinismo neopositivista (los datos son neutrales, el investigador no incide en el campo, las ciencias son duras y exactas) que ha sido barrido por Morin y su epistemología de la complejidad, donde, justamente, se da un lugar central al azar, la contradicción, y a cómo la subjetividad del investigador modifica el sentido del proyecto.
Un dato: ¿por qué toman como referente a mellizos o gemelos que tienen un psiquismo muy especial y representan una ultra minoría social y no investigan a los seres humanos corrientes para avalar sus hipótesis?
Respecto de la genética, puede haber alguna relación entre los genes y el carácter, pero eso no explica los cambios que una persona va realizando en su vida. Además, esta forma de pensar apunta a una lectura hegemónica de un factor sobre los otros. ¿Por qué serían tan decisivos los genes y no los vínculos, el azar, los acontecimientos, el contexto en que transcurre la vida?
—¿Estas investigaciones tienen algún efecto sobre las teorías del aprendizaje?
—La genética es un factor entre los muchos componentes de la personalidad; la conducta depende más de las prácticas novedosas que de lo que se trae. En los trastornos del aprendizaje hay que considerar en primer lugar la institución escolar, el contexto, el grupo, la relación con el docente; luego los aspectos familiares y las características personales, donde se puede incluir lo genético, aunque identificación y genética son fronteras complicadas para diferenciar.
—¿Hasta qué punto la apertura que implica la pertenencia a redes sociales modifica lo que genéticamente aparecía como destino?
—No creo en la genética como destino, adhiero a la frase de Sartre: “Somos lo que hicimos con lo que hicieron con nosotros”. La pertenencia a redes sociales depende de factores culturales y laborales. En primer lugar, me pregunto cómo haría un miembro del Islam para integrarse en la sociedad norteamericana o británica, por más genes favorables que tuviera. O lo que ocurre en toda experiencia de exilio. Dirán que la conducta depende de la batería de genes. Creo que depende de la capacidad de procesar lo nuevo y de las reservas libidinales inconscientes que se renuevan durante toda la vida.
La visión de esta teoría, según pasan los años
Ahondar en el pensamiento darwiniano sería complejo, pero es importante resaltar el mal uso que se hizo en alguna época de sus enunciados. El hecho destacado –por lo violento y grotesco en la tergiversación de conceptos– es el del nazismo, como se enuncia en un texto del portal America Latina en Movimiento sobre los nazis. (…) “El nazismo, ajeno a los principios de la democracia y los derechos humanos, imponía a sus adeptos y creyentes apasionados la ciega obediencia al Führer y el rechazo a toda sombra de oposición que amenazara el poder absoluto de Hitler, cuya ideología debía prevalecer sobre el resto de las ideologías y movimientos políticos, puesto que el individuo, según el pensamiento totalitario del nazismo, debía aceptar su insignificancia personal y someterse a la fuerza abrumadora del III Reich, donde los individuos eran admitidos solo en la medida en que actuaban de acuerdo con los intereses del Estado, que quiso legitimar, por medio de una guerra que costó millones de vidas, “la ley del más fuerte” y la “conservación de la pureza racial”.
Por eso son importantes dos factores a modo de conclusión: en primer lugar, el encasillamiento, como puede pasar con las tribus urbanas; esto transferido a sus conductas y sus manifestaciones en las redes sociales. El encasillamiento puede resultar peligroso para los adolescentes. Y finalmente, la reflexión que realiza Pachuk “nos encontramos frente a un avance de la biogenética y las neurociencias, y una versión peligrosa en la que confluyen la selección natural de Darwin con la discriminación racista de Hitler. De la genética a la raza hay un solo paso”.
En el siglo XXI, esto puede aplicarse, lamentablemente, a las redes sociales.
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