El sociólogo Manuel Castells, junto a otros autores, publicó recientemente un libro titulado Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global, en el que se analizan los aspectos socio-culturales y económicos de los usos de los teléfonos celulares en todo el mundo.
El libro, publicado primero en inglés por el MIT y ahora en español por la Editorial Ariel y la Fundación Telefónica, reúne dos años de investigación realizada junto a Mireia Fernández-Ardévol, de la Universitat Oberta de Catalunya; Jack Linchuan Qiu, de la Universidad China de Hong Kong; y Araba Sey, de la Universidad del Sur de California.
La gente no sabe hasta qué punto hay una difusión de la comunicación móvil mayor que ninguna otra tecnología en la historia –señala Castells en una entrevista publicada el jueves pasado en El País de España-. En el año 91, había 16 millones de abonados. Los datos más recientes hablan de 2.600 millones. Si le añades un muy moderado factor multiplicador porque en los países pobres un teléfono móvil puede servir para una aldea... quiere decir que entre un 50% y un 60% de la humanidad está conectado de alguna forma por comunicación móvil.
La evolución de los usos del celular confirma una constante histórica: que las personas terminan utilizando la tecnología para fines muy diferentes a los que concibieron sus creadores. En el contexto de nuestro país, la consultora Carrier y Asociados investigó los usos del celular por parte de los adolescentes desde fines de los ’90, cuando el uso se limitaba a recibir llamadas de los padres, hasta el 2005, en el que el celular se convirtió en un objeto poli-funcional de uso personal y los mensajes de texto se consolidaron como la forma de comunicación privilegiada de este segmento.
La investigación coordinada por Castells también toma como objeto de estudio a los jóvenes, entre 12 y 14 años, que organizan sus propias redes y construyen un mundo autónomo del de los adultos mediante la invención de un lenguaje propio –el de los mensajes de texto-, y a las familias, que se han convertido en familias de miembros bastante autónomos pero permanentemente conectados. Los trabajadores, que ganaron movilidad gracias a los celulares, son otro de los grupos de interés y análisis de este estudio.
Estas tecnologías modifican también lenta aunque profundamente la naturaleza del conocimiento y el aprendizaje. A esto se refería en una entrevista Teemu Arina, un joven finlandés socio y CEO de Dicole, al señalar que en un futuro cercano el aprendizaje será informal y móvil. Una de las cuestiones centrales en este nuevo contexto será la necesidad de generar espacios de aprendizaje informal, mediante el uso de herramientas que promuevan el trabajo colaborativo.
Links relacionados:
La sociedad del siglo XXI, la sociedad móvil, una reseña del libro escrita por Àngels Doñate (UOC)
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Manuel Castells en educ.ar (23/04/07)
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