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La LiTra2ra viaja en SMS

sms-libro-celular.JPGHace unos días, pudimos leer en varios medios sobre el auge de las novelas por celular, en Japón, y sobre la conversión de las mismas en best sellers una vez que han sido publicadas y han llegado masivamente al público.

La novela para celular nació en las entrañas del sitio Maho no i-rando, que notó que muchos jóvenes escribían novelas en sus blogs. Ante este panorama, no dudaron y comenzaron a ofrecer a la nueva generación literaria un lugar donde publicar y recibir cierto feedback virtual. Así nacieron las “Keitai Shosetsu”, o novelas por celular.

El nuevo género literario, que comenzó en el año 2000, hoy se va afianzando. Evidentemente lo que lo caracteriza es la brevedad, el estilo conciso, la telegrafía y lo ya conocido en el uso de esta nueva miniplataforma. En pocas palabras, el minimalismo del mensaje de texto.

Es indudable que lo que más preocupa a la comunidad literaria es la calidad de estos textos. Sin embargo, es importante adecuarse a las épocas, y si la nuestra se caracteriza por un nuevo lector y un nuevo autor que producen de otra manera, esa es “la manera”. La calidad adquiere otro valor, porque la mirada no es la misma.

Escribir como Góngora si nadie va a leerlo tampoco es la solución. Lo diferente no es mejor o peor, es diferente. La síntesis, como hemos comentado ya en varios artículos, no implica necesariamente una quita del valor o del significado. ¿Acaso no se planteó el mismo problema cuando surgieron la novela corta o el cuento? Lograr el mismo contenido y sentido en cierta brevedad, guarda, en varias oportunidades, mayor valor que una innumerable cantidad de palabras y oraciones largas que no dicen nada, confunden y aburren. La verborragia, la repetición en vano, los circunloquios no siempre otorgan calidad. Son, por definición, sólo un "rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente".

¿Quién escribe y quién lee estas novedosas novelas? El autor guarda ciertas semejanzas, por supuesto, con su coetáneo, el lector. La empatía es siempre parte de este circuito de comunicación, y para ello es primordial que se hable el mismo “idioma”. Ambos se caracterizan por preferir una frase como: “t kiero” más que una frase como la de Luis de Góngora y Argote: “Menos solicitó veloz saeta destinada señal, que mordió aguda”. La escritura ya no es la misma y es necesaria la identificación con un protagonista. Si escribimos como antes o le damos la palabra a un protagonista que habla ampulosamente, barrocamente y de forma rebuscada, la empatía no se logra. Quienes escriben y leen estos textos pertenecen a la generación táctil, la que utiliza los dedos a la velocidad del rayo. Usan las caritas, los rayos y los corazones (emoticones), las abreviaturas y los números.

Estas novelas de última generación están escritas, en su mayoría, en primera persona del singular. Son una especie de bitácora y diario personal. Por el momento, la autoría pertenece, en un gran porcentaje, a mujeres que hablan de amor. Los personajes desaparecen y la trama es escasa. Son telegramas literarios. Los autores-lectores presentan un background extenso en la lectura de historietas, de manga, que también se caracterizan por esta fusión de imagen y texto breve. La imagen, hoy, deviene emoticón, pero el esquema visual se identifica casi por completo.

Los recursos estilísticos, ¿las figuras retóricas? (qué es eso, parecen preguntarse los nuevos autores): no hay lugar ni tiempo. Imaginemos a los nuevos escritores utilizando una anáfora (repetición de una o más palabras al principio de dos o más versos) como hace Calderón de la Barca:
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión”

O la concatenación (repetición de la palabra final de un verso al principio del verso siguiente), tan utilizada por Antonio Machado:
“La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor”

O una reduplicación al estilo de Federico García Lorca:
“¡Ay, cómo lloran y lloran!”

Suponemos y auguramos que en este nuevo género el único recurso que estará al alcance de las necesidades de los autores será la elipsis (cuando se suprime algún elemento de la oración o del verso porque se sobreentiende), y qué mejor (o peor) ejemplo que: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

Pero cuando hablamos de la literatura celular no hablamos sólo de los textos sino, como siempre, de todo lo que viene adjunto: los concursos de poesía, las clases y talleres de escritura especializados en la nueva escritura, las nuevas bibliotecas y así hasta el infinito.

Por ejemplo, Phil Marso, un escritor francés publicó un libro Pa SAge A TaBa, un policial que trata el tema del tabaquismo redactado por completo con mensajes de texto. A la altura de este artículo, esto ya sólo parece un detalle. Lo novedoso es que el señor se instaló en el conocido Salón de la Educación, en el área del libro y multimedia educativos y presentó un segundo libro ¡bilingüe!: Frayeurs SMS. Es decir, que en la página izquierda vemos el texto en francés tradicional y en la página derecha el texto original en SMS. Pronto saldrá a la venta el diccionario: ¡español-SMS/ SMS- español! Pero Marso, evidentemente encontró la veta, ya que también organiza “en vivo” clases de escritura en lenguaje SMS y demostraciones a través de una clase virtual en su sitio profsms.com, donde explica hasta las reglas gramaticales del mensaje de texto. En todo caso, un sitio con propuestas de lo más novedosas.

Otra situación interesante es la que se dio con los alumnos y profesores del Heilig Graf Instituut de Turnhout: pretendieron batir el récord del mundo en cantidad de poemas enviados simultáneamente por SMS. Fue organizado el 31 de enero en Bélgica y en Holanda, y supervisado judicialmente. Todo un evento. Además, un jurado de alumnos y pofesores evaluó la originalidad de dichos poemas, de 160 caracteres como máximo.

En definitiva, ¿qué es la literatura? Es, según la Real Academia Española, el “conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género”. En otras palabras, la literatura es el rostro de una sociedad. Es la que nos habla con su boca, la que oye, la que ve y observa, es la que “huele lo que se está cocinando”. Entonces, si la literatura de hoy nos “habla” de esta manera es porque es así como “habla” la sociedad de hoy. Y si queremos comprender, comprender-nos, debemos adecuarnos, actualizarnos, integrar los nuevos modos y los nuevos lenguajes.

La literatura debe conmover y para ello hay que manejar el lenguaje del lector. Nuestros jóvenes están conmoviendo a otros jóvenes. Es posible que los cursos de escritura y los diccionarios sean adquiridos por nosotros, los docentes. Porque como tales, nuestra tarea es integrar el circuito de comunicación y también, consecuentemente, conmover.


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