Comienza a funcionar la máquina que hace libros
El 2 de julio comenzó a funcionar la máquina que hace libros al instante a cambio de unos dólares -que también pueden pagarse con tarjeta de crédito–. Según los datos publicados en el blog El bibliómano, esta máquina está ubicada en la Biblioteca Pública de Nueva York, y pone a disposición de los lectores 200.000 títulos sin copyright para imprimir.
La Expresso Book Machine -nombre de esta nueva máquina- basada en el sistema On Demand Books, tarda de 6 a 8 minutos en sacar un libro en rústica de 200 páginas. Mucha publicidad sobre el primer paso de esta "editora automática", que para muchos significa un momento histórico en el mundo del libro. (Una buena información de la noticia, con varios enlaces, en Book Patrol, en inglés).
Se trata de una máquina cuyo enfoque parece no la gran serie, vinculada a la imprenta, sino algo más flexible, de menor tirada, y mucho más cerca del consumidor final. Lo interesante de este invento es que enlaza directamente el mundo digital con el objeto-libro.
En cuanto a esta suerte de revolución en la impresión de libros, Jason Epstein en su libro La industria del libro (Anagrama, 2002), sostiene que:
"Los libros como objetos físicos no desaparecerán para ser reemplazados por señales electrónicas que se podrán leer en pantallas portátiles de cristal líquido. Tampoco perecerán las librerías. Pero de aquí en adelante coexistirán con listados multilingües bien surtidos de textos digitalizados procedentes de múltiples fuentes, tal vez "etiquetados" para facilitar su consulta, y difundidos electrónicamente. Los lectores de esos listados en sus ordenadores personales podrán transferir los materiales que seleccionen a máquinas capaces de imprimir y encuadernar ejemplares únicos, según demanda, en innumerables sitios remotos y quizá, finalmente, hasta en sus propias casas. Tales enclaves pueden ser un quiosco en la esquina de mi calle en Manhattan, mientras que los lectores de la cabecera del Nilo o de las estribaciones del Himalaya tendrán un acceso similar al saber del mundo en los quioscos que tengan cerca. La tecnología adecuada, en embrión, ya está disponible y yo la he visto. No se puede eludir el futuro que entraña. Lo aguardo con curiosidad y ansia." (Fragmento citado en el artículo "La edición sin nombre", de José Antonio Sánchez Paso).
La educación sin libros no es un escenario posible por lo menos en la sociedad y la cultura actuales. Lo que sí plantean proyectos como el que reseñamos es otra relación con estos objetos de la cultura en diferentes planos. En el plano del mercado, dado que seguramente variará el costo de los ejemplares significativamente; en el plano de la producción de las editoriales -¿qué va a suceder si van a editar sin imprimir?, ¿qué va a suceder sin el mercado como variable?-; en el plano de la actividad del lector, que adquirirá competencias para seleccionar, fragmentar, comparar, el libro a imprimir.
Esta apertura y flexibilidad no serán un obstáculo para el mundo educativo, sino más bien una invitación a la creatividad y al pensamiento.
Notas relacionadas en educ.ar:
La crisis de la lectura... ¿hacia una educación sin libros?, por Carlos Scolari
Para saber más:
Bob Young pretende convertirse en el Steve Jobs de los libros
Video que explica el funcionamiento de la Expresso Book Machine:
Favor de enviarme información sobre esta máquina, incluyendo costo para adquirrla
Interesado
P David