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De la Ilustración a la sociedad del conocimiento

En estos días, miles de personas visitan Tecnópolis, la megamuestra dedicada a difundir los adelantos científicos y tecnológicos que nos invita a atisbar el mundo del futuro. El evento se inscribe en una vasta y rica tradición de iniciativas destinadas a acercar el conocimiento y la investigación científica al público no especializado y, en cierto modo, nos invita a dar una ojeada retrospectiva a la historia de esas búsquedas.

enciclopedia.jpgPor María Elena Ques.

“Atrévete a conocer” (Kant).

La difusión del conocimiento ha ocupado históricamente a los científicos, que aspiran a hacer conocer su trabajo al gran público, buscando diversas propuestas pedagógicas que preserven la complejidad de los abordajes. Todas ellas nos hablan de diversas concepciones de la ciencia y de las posibilidades de acercamiento popular al saber. Asimismo, todas se fundan en diversas políticas de divulgación científica. ¿Qué difundir? ¿Para quiénes? ¿Con qué fin? ¿Cómo se ha vinculado a lo largo de nuestra historia la divulgación científica con diversos proyectos políticos y culturales?

Suele señalarse que el origen de la ciencia moderna estuvo dado por el movimiento cultural y científico conocido como la Ilustración, cuyo epicentro estuvo en Francia, Inglaterra y Alemania durante el siglo XVIII. El iluminismo promovió una profunda renovación de la manera de concebir al individuo y a la sociedad y encaró la ambiciosa empresa de llevar el conocimiento, concebido como instrumento de cambio social, a las capas populares. En ese contexto, los intelectuales y científicos tomaron distancia de las tradiciones heredadas, incluida la tradición religiosa. La fe en la razón como motor del progreso ilimitado y el espíritu igualitario abrirían nuevos caminos a la difusión del conocimiento. El emblema de esta corriente es la Enciclopedia, editada por Diderot y D’Alembert. Esta enorme empresa se proponía ofrecer un compendio del saber de la época, en un formato didáctico y en lengua vulgar (recordemos que hasta entonces el latín seguía siendo la lengua culta por excelencia).

El espíritu iluminista llegó a España –y a sus colonias americanas– de la mano de los Borbones, en el siglo XIX. Sin embargo, tal apertura tendió a limitarse a las innovaciones centradas en “el desarrollo de conocimientos útiles, fundados en el raciocinio y la experimentación” (Terán, 2008) y a ocultar los aspectos que implicaban un cuestionamiento de la monarquía y la religión. La divulgación de estos nuevos saberes en el Río de la Plata corrió por cuenta de la incipiente prensa colonial, como el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, que dirigía Hipólito Vieytes.

A partir de la Revolución, los hombres de Mayo se esforzaran por enmarcar el proyecto de país naciente en un orden de ideas que permitiera consolidar el proyecto revolucionario. La educación pública gratuita, la prensa y la difusión de las ideas libertarias tuvieron una enorme importancia cultural y política. La decisión –tomada por Moreno– de editar El contrato social, de Jean Jacques Rousseau –“catecismo de los pueblos libres”-, distribuirlo en las escuelas e impulsar su lectura en los púlpitos de las iglesias resulta ilustrativa de la importancia que le adjudicaban al problema los sectores más liberales de la Primera Junta.

Podríamos decir que en las primeras décadas de nuestra historia como país la preocupación central pasaba por los debates propios de lo que hoy llamamos las ciencias sociales y humanísticas, que eran las que permitían responder a las preguntas más acuciantes. ¿Qué tipo de organización debía darse al país? ¿Qué ciudadanos debían formarse? ¿Qué proyecto cultural era deseable? Los nombres de Alberdi y Sarmiento sobresalen en ese paisaje convulsionado. Como dice la canción escolar que recuerda al sanjuanino, “la pluma y la palabra” serían las herramientas privilegiadas de esas lides.

Tiempos%20modernos.jpgTiempos modernos
A fines del siglo XIX, el proceso de modernización económica, el empuje de la ola inmigratoria y el crecimiento de las ciudades generan un nuevo clima social y político marcado, en el plano cultural, por la influencia del positivismo de Augusto Comte y Herbert Spencer.

Los progresos científicos y técnicos que dieron origen a la Revolución Iindustrial y la fascinación que generaban se reflejaron en nuevas modalidades de divulgación científica. Las exposiciones universales fueron la gran vidriera en la que convivían los adelantos tecnológicos y las muestras de exotismo de las naciones más alejadas. En ellas se presentaron por primera vez al público invenciones que, como el teléfono (Filadelfia, 1873) y el automóvil (Melbourne,1878), cambiarían la cara del mundo conocido. Cabe recordar que, en la Exposición Universal de París celebrada en 1889, el científico argentino Florentino Ameghino mereció la medalla de bronce por su obra Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

Exposiciones Universales
: http://www.expo2010mexico.com.mx/es/PM_historia.htm.

Siguiendo esos modelos, en nuestro país comenzarían a organizarse, a partir de 1875, las exposiciones rurales que serían un símbolo de la consolidación del modelo agroexportador.

modelo%20agroexportador.jpg

Contemporáneos a estas iniciativas son los grandes museos destinados no solo a preservar objetos y espacios históricos y obras de arte, sino también a divulgar los avances científicos.

Los descubrimientos y hallazgos del perito Francisco P. Moreno fueron el origen del Museo de La Plata, que comenzó a construirse en 1884, en la capital de la provincia de Buenos Aires, fundada dos años antes. El Museo se incorporaría más tarde a la Universidad de La Plata y cumpliría una labor fundamental en la formación de científicos y en la difusión de las ciencias naturales para el público no especializado.

No todas son luces, sin embargo en la historia del Museo: la concepción de la historia natural como progreso lineal condicionó una visión de los pueblos originarios como rémoras que debían dejarse atrás o meros “documentos” de un estadio que debía darse por superado. Así, el cacique Inacayal y su familia –cautivos de la llamada “Conquista del Desierto” – habitarían el lugar como piezas vivientes, y luego de su muerte sus restos serían tratados como objetos de estudio. Recién en 1994 los restos de Inacayal fueron devueltos a su tierra para ser sepultados.

Museo de Ciencias Naturales de La Plata.
Historia del Inacayal.

Bibliotecas populares, folletines y radiotelefonía
radio.jpgA comienzos del siglo XX, con la expansión del público urbano y el aumento de la escolarización, el acceso a los nuevos saberes técnicos ofrecía nuevos horizontes laborales y también nuevos espacios para el ejercicio de la imaginación. ¿Cómo podían procurárselo quienes no podían acceder a la formulación superior? Las bibliotecas populares, la edición de fascículos y manuales, las secciones especializadas de los grandes diarios ofrecían una vía de acceso a los saberes técnicos. Como señala Luis Alberto Romero, “En esos barrios en formación, (...) los animadores de las bibliotecas –que generalmente se vinculaban con sectores culturales o políticos ya constituidos y ajenos al barrio– daban a su actividad un matiz singular y diferenciado: prestaban libros, organizaban conferencias, cursos de capacitación, actividades artísticas o reuniones sociales, combinando las preocupaciones culturales o educativas con las recreativas.”

Las nuevas maravillas de la técnica cautivaban por entonces la curiosidad y la imaginación; el furor de la radio generaba “grandes expectativas de incorporación de know how, importación de aparatos y sobre todo un impulso de construcción e investigación casera (...). La figura misma del inventor se implanta en la imaginación de los periodistas, los comerciantes y los artesanos habilidosos” (Sarlo, 1992).

Revistas como Ciencia Popular y publicaciones como el Manual del inventor, e innumerables avisos publicitarios que ofrecían adquirir por correspondencia las habilidades más variadas son un indicio elocuente de la fascinación popular que producían las innovaciones técnicas, y de la búsqueda de integración y ascenso social de los sectores populares.

En los años 40, en el marco de un proceso de expansión industrial y de creciente demanda de trabajadores calificados, el peronismo daría un fuerte impulso a la educación técnica. Se crean en esos años escuelas técnicas, universidades obreras, escuelas destinadas a dar formación profesional a las mujeres, etc.

planetario.jpgLa nueva ola de la divulgación científica y tecnológica
A fines de los años 50, de la mano del pensamiento desarrollista, surgen una serie de instituciones cuyo protagonismo en materia de investigación y difusión del conocimiento sigue teniendo una importancia capital en nuestros días: en esos años nacen el Conicet, el INTI, y el INTA.

Contemporáneamente, nace el Planetario de Buenos Aires, cuya silueta se convertiría en uno de los íconos de la ciudad y un ejemplo de un modelo innovador, a la vez riguroso y atractivo, de difundir la astronomía. En su trigésimo aniversario, el profesor Antonio Cornejo, que había sido el primer director del Planetario, sintetizaba de esta manera la trayectoria de la institución: “Nos propusimos entonces que el flamante Planetario fuera un teatro, una escuela y un centro cultural a la vez, en cuyas dramatizaciones se observaran estrictamente los fundamentos de la verdad científica. (...) El interés puesto de manifiesto por el público quedó evidenciado por el hecho de que durante todos esos años la demanda de los establecimientos educacionales superó la capacidad de satisfacerlos. Alrededor de 9 millones de personas concurrieron a sus espectáculos durante los 33 años en los que estuve a cargo del organismo”.

Por supuesto, al hablar de divulgación científica en la segunda mitad del siglo XX es ineludible mencionar el rol que jugó –y sigue jugando– la televisión. Un programa emblemático de los inicios de la TV fue el recordado Telescuela técnica, promovido por la Conet. Incluso en la actualidad, las versiones paródicas que han creado Alfredo Casero o Diego Capusotto son indicios de la profunda huella que aquella emisión dejó en la memoria colectiva.

En el plano de la producción internacional, una de las propuestas más célebres ha sido la serie Cosmos, que con una sofisticadísima producción, un alto nivel científico e inteligentes propuestas pedagógicas cautivó a los televidentes del mundo entero.

Carl Sagan. El calendario cósmico.

Tecnología, nuevos formatos y diversificación de las propuestas

En la actualidad, la aceleración de las innovaciones tecnológicas, la complejidad del desarrollo científico y la enorme gama de ofertas que han abierto las TIC hacen que uno de los desafíos para los legos sea seleccionar y jerarquizar la información. El fenomenal impacto de internet, las herramientas de e-learning, la sofisticación creciente de los buscadores plantean nuevas exigencias de aprendizaje permanente y nuevos desafíos para la promoción del acceso popular a las destrezas necesarias para el manejo de las nuevas tecnologías.

Por otra parte, las nuevas preocupaciones políticas y científicas relacionadas con problemas como la preservación del medio ambiente dan lugar a propuestas pedagógicas innovadoras que aprovechan el crecimiento del turismo para difundir nuevos saberes. Tal es el caso del Ecocentro que atrae a miles de visitantes en Puesto Madryn: “El Ecocentro –según se señala en la presentación de su sitio web– propone una lectura integradora. Una mirada al mar desde múltiples modos de ejercer nuestra subjetividad. Solo así el estudio de lo físico, de lo geológico, de lo biológico, de lo económico, de lo social, de lo artístico, de lo estético y de lo religioso será algo más radical que un estudio compartimentado”.

Asimismo, instituciones dedicadas a la investigación de alta complejidad, como el Observatorio astronómico El Leoncito, situado en San Juan, ofrecen a sus visitantes la posibilidad de tomar contacto con las más sofisticadas tendencias de la investigación contemporánea.

Tecnópolis: los rostros del conocimiento en el siglo XXI
Evidentemente, ya no es posible soñar con un libro que compendie el conjunto de los saberes contemporáneos, la creciente complejidad y especialización del conocimiento y la velocidad de las innovaciones son tales, que aun los científicos especializados en determinado campo del conocimiento tienen dificultades para orientarse en las disciplinas ajenas a su especialidad. Esto hace que la necesidad de explorar nuevas formas de divulgación del saber tenga más vigencia que nunca. Esta necesidad es la que inspira la muestra Tecnópolis, que funcionará hasta el 22 de agosto, todos los días de 12 a 21 horas. Después de esa fecha, se conformará el Parque Tecnópolis, un museo permanente que se terminará de erigir en mayo del año próximo. La propuesta aspira a constituirse como un hito que condense el legado de aquello que la Argentina del Bicentenario aspira a legar a las generaciones futuras.

La amplísima propuesta, coordinada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, incluye expresiones artísticas, conferencias de científicos de las universidades nacionales, sectores dedicados a la robótica y la arqueología y espacios destinados a entidades tan enigmáticas como las “astropartículas” o el “colisionador de adrones”. Tecnópolis ofrece a todos la posibilidad de acercarse a la ciencia de manera más amigable, y, para los más chicos, contempla espacios de juegos que les permitirán hacer sus primeros contactos con la ciencia, estimulando su curiosidad y, tal vez, empezar a descubrir una vocación científica.



Para seguir leyendo:

-Oscar Terán, Historia de las ideas en Argentina.

-Geothesis, divulgación científica en español.

-Beatriz Sarlo, La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina.

-Mariano Antonio Sobrevila, La educación técnica argentina

-Sobre los Entornos Personales de Aprendizaje (PLE).


2 Comentarios

  1. Antonia Elizabet. Agosto 12, 2011 10:44

    Muy buena la síntesis de los vances cintíficos-tecnológicos. Quiero recalcar que antes de la Ilustarción, ya se habían generado avances en las ciencias, como los descubrimientos de Nicolás Copernico y su teoría heliocéntrica confirmado luego por Galileo Galilei, los nuevos inventos que dieron lugar a las navegaciones del S XV (carabela, astrolabio, brújula), no olviedmos en el campo de la didáctica las innovaciones y revolución en el concepto de Dios y la Biblia introducida por Martín Lutero cambiando las formas de aprendizaje y la masificación de la educación como herramienta de conocimiento.

  2. Ana María Andrada. Agosto 19, 2011 17:21

    Artículo muy serio, un verdadero aporte.