En general se considera que tenemos un sólo (o dos) aniversario: el de nuestro nacimiento y, eventualmente, el de nuesra muerte, aunque hay casos en que la fecha real no coincide con la de la anotación en el registro civil. Pero a medida que pasa el tiempo otras fechas también merecen ser festejadas, así que los humanos tenemos tantos aniversarios como queramos o nos merezcamos.
Lo mismo pasa con las tecnologías, especialmente con aquellas que han implicado cambios radicales. Tienen múltiples aniversarios, tantos como componentes, hitos, desprendimientos o impactos han logrado.
Para no ser menos la web o la propia internet han tenido múltiples partos y alumbramientos que han disparado diversos aniversarios: los dos primeros hosts conectados a la red en octubre de 1969; los primeros cuatro en diciembre de ese mismo año; el e-mail en 1971, el TCP/IP en 1983, el primer servidor web en 1991; el nacimiento comercial de internet en abril de 1995.
Sin embargo, quizás ningún otro aniversario haya tenido la trascendencia –y por eso la celebración con bombos y platillos que vemos en estos días– que los 10 años desde el lanzamiento público de acciones de Netscape, que cambió la faz de la Tierra.
De la internet gratuita a la internet paga. ¿Cuándo y dónde empezó todo?
Netscape (en una escala mucho menor lo habían hecho previamente Eudora Macafee) empezó a repartir gratis su navegador a fines de 1994, y fue instituyendo de esta forma un nuevo diseño de los consumidores (de información).
En su corta vida de cinco años, Netscape llegaría a distribuir gratuitamente 100 millones de copias de su navegador gráfico, permitiendo de este modo la alfabetización digital de la masa crítica que conformaría la base de una pirámide invertida, que hoy llega a más de 900 millones de usuarios.
Hasta recientemente las cosas que tenían más valor en internet eran gratuitas. Netscape influyó en todas las empresas de internet abriendo la fantasía de una economía de la gratuidad masiva.
La historia de Netscape es la historia de un triunfo condenado al fracaso. Un conocimiento detallado de su historia, tal como se puede aprender provechosamente en dos obras de lectura obligatoria como son Competing on Internet Time: Lessons from Netscape and Its Battle With Microsoft de Michael A. Cusumano y David B. Yoffie, y Netscape Time: The Making of the Billion-Dollar Start-Up That Took on Microsoft, de Jim Clark, así lo revela.
De hecho uno de los fenómenos más extraordinarios del último lustro del siglo pasado fue precisamente la guerra de los navegadores, que puede leerse en múltiples registros, desnudando sucesivas capas históricas como si se tratara de una cebolla tecnocultural.
Porque la historia de Netscape es también la historia de David vs. Goliath, la historia de los ciclos de innovación, la historia de la guerra de los estándares, la historia de las propias diástoles y sístoles del sistema capitalista, y muchas otras lecturas y perspectivas que podemos sin agotar del todo al fenómeno.
En efecto, al mejor estilo Hollywood, la guerra de Netscape vs. Microsoft enfrentó en un momento a la más rica corporación del mundo (en el momento de oro la cotización bursátil de Microsoft sobrepasó los U$S 600.000 millones de dólares) con una recién llegada startup.
Pero lo que estaba en juego no era tan sólo una disputa por la canibalización del mercado de los navegadores, sino por el futuro del comercio electrónico y de las comunicaciones en la red.
La guerra empezó a mediados de 1994 con la invención de Netscape, y llegó a su pico en el verano de 1998, en el momento en que Microsoft fue puesta (pasajeramente) contra las cuerdas por el Departamento de la Justicia de los EE.UU.
10 años de algo que ya no es
Lo que estamos celebrando justamente hoy es la internet como fenómeno de masas. El hecho es que hace una década el debut explosivo en el mercado accionario de Netscape disparara el fenómeno de las empresas punto.com y le regalara al mundo un navegador gráfico amigable que haría posible convertir a la web en un territorio libre para la exploración y la innovación sin fin.
No hay que hacer demasiado esfuerzo para imaginarse cómo hubiese sido el mundo sin ese big bang que cambió la historia (no sólo de los medios sino del mundo en su conjunto). ¿Habría vida (corporativa y negocios) sin el e-mail? ¿Cómo sería un mundo sin buscadores como Google.com, sin compañías puramente internetianas como Amazon, eBay o Yahoo? ¿Cuánto más pobre y chato sería un mundo en el que no existieran el comercio electrónico, los diarios personales bajo la forma de weblogs, la posibilidad de bajar música y películas, diarios gratis, webcams, telefonía sobre voz IP, y lo que ya podemos vislumbrar que es la convergencia de la red y el teléfono celular con más de 2.000 millones de usuarios en el 2007?
Con un tamaño de la red superficial que es casi 5 veces más grande que el equivalente en contenido de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., el conocimiento ya no sólo es poder (de unos pocos), como insistía Bacon, sino que es sobre todo potenciación de los individuos en comunidades virtuales (múltitudes inteligentes) de una proyeccion ilimitada.
Y aunque contrariamente a la visión original de sus fundadores, que la imaginaban como una suerte de comunismo tecnológico de libre acceso, el comercio ha llegado para quedarse en la red, ésta todavía se nutre de sus orígenes comunitarios y solidarios tal como se puede apreciar en el movimiento del Software Libre. Al punto de que -para reanudar la batalla de los navegadores que signó gran parte de los primeros cinco años de vida de la web, como hemos visto más arriba– el navegador gratuito Firefox está nuevamente arrebatándole una porción importante de mercado a Microsoft.
Como retorno de lo reprimido los dueños de Netscape decidieron regalar su código fuente al movimiento del Software Libre, código de cuyas cenizas nació Firefox, mostrando que la historia nunca está escrita para siempre.
Nadie puede imaginar qué pasará en los 10 años por venir. Como nadie se imaginó en 1995 lo que sucedería efectivamente hasta llegar aquí. De lo que no caben dudas es de que difícilmente la década por venir será menos fructífera en acontecimientos y oportunidades que la que acaba de pasar. Dependerá de nosotros saber aprovecharlos e impedir que sus logros se concentren en pocas manos, y que las libertades prácticas imaginadas en los albores de la red desaparezcan para siempre como un castillo de arena borrado por las olas del mar.
Cuando a veces las preguntas son más interesantes que las respuestas
Dado que el futuro de internet -tanto del comercio electrónico como de sus usos libertarios- está basado, por múltiples razones, en los resultados de esa guerra -cuyas reverberaciones empezamos a ver hoy, casi cinco años después de la desaparición final de Netscape deglutido por AOL–, sería interesante indagar cómo comenzó todo, cuáles fueron las estrategias de los contendientes, y por qué la batalla 9que no la guerra) fue ganada finalmente por el gigante de Seattle.
Como hilo conductor de esa reflexión les proponemos a continuación un ejercicio que consiste en responder a las siguientes preguntas:
1. ¿Qué razones hicieron posible que Netscape, una recién llegada al mundo de los negocios, que jamás había facturado un solo centavo, pudiera triplicar su cotización en Bolsa en su día de debut, el 8 agosto de 1995, una de las tres alzas más abruptas de la historia de las Bolsas?
2. ¿Cuáles fueron las motivaciones que llevaron a Jim Clark, presidente de la empresa, y a Marc Andreessen, su genio tecnológico, a imaginar una estrategia de cooptación del mercado mediante la distribución gratuita del software?
3. ¿Cuál fue la reacción (y el interés) de la industria y del público ante la posibilidad de acceder a un producto cuya funcionalidad se desconocía, y cuya utilidad era absolutamente desconocida?
4. ¿Qué relación existió entre la difusión gratuita de Netscape y el crecimiento exponencial de la web? ¿Cuáles fueron los principales mecanismos que le dieron a esta relación una estructura de bola de nieve?
5. ¿Cuándo empezó el fin del sueño de Netscape? ¿Hasta qué punto los ejecutivos de Netscape fueron conscientes de que la liberación de su software implicaría desatar una guerra mortal de estándares, que terminaría fagocitando a la propia empresa? Dándole así la razón a Clayton Christens, quien en El dilema de los innovadores sostiene que muchas veces la adopción de una nueva tecnología por parte de una empresa implica su certificado de defunción).
6. ¿Qué significó el 7 de diciembre, o Día de Internet,-cuando Bill Gates dio vuelta a su compañía internetizándola- para el futuro de Netscape? ¿En qué consistió la estrategia de aproximación indirecta de Bill Gates al sacrificar una red propietaria como fue la fallida MSN y aliarse -hasta el 2002, cuando la alianza terminó abruptamente- con AOL, compradora de Netscape?
7. ¿En qué medida lo que determinó finalmente el triunfo del Internet Explorer fue una mejor tecnología o una mejor estrategia marketinera (como había pasado previamente con VHS v. Beta y con Mac vs. Windows)? ¿Qué puede aportar la teoría de los rendimientos crecientes -ver los trabajos de Brian Arthur- sobre el particular?
8. ¿El triunfo actual del Explorer garantiza su éxito final, o el ciclo de la innovación no termina nunca y Microsoft no tendrá una tercera (la primera fue la introducción del DOS/Windows, la segunda la del Explorer) oportunidad sobre la Tierra?
A estas preguntas que sirven mucho para entender la dinámica del ascenso y desaparición de Netscape podríamos agregarles las siguientes:
1. ¿La problemática de la guerra de los navegadores es específica del mundo de internet? ¿O existen otros ejemplos igualmente significativos, análogos, en el mundo real? La maravillosa obra de Varian y Shapiro brinda elementos finales sobre la cuestión.
2. Admitiendo que no hay paradigmas exclusivos de lo digital ( y menos aún de la economía digital), ¿qué características especiales tiene la información que ayudan a imaginar reglas propias que no existen en el mundo material? (ver el insuperable aporte en Infonomía! de Alfons Cornella, especialmente su capítulo 3).
3. Estas discusiones suenan a veces muy abstractas y genéricas, sobre todo considerando lo que pasa en América Latina. ¿Cómo combinar su interés y sofisticación con los temas más del día a día nuestro? ¿Se trata de meras pantallas o hay alguna forma de integrar paradigmáticamente a estas dos economías (la de la riqueza y la de la pobreza, la high y la low tech?).
Queda a criterio de nuestros queridos lectores responderlas. Nosotros nos contentamos con celebrar este onomástico, más que congratulados de la reinvención que los usuarios (de los que formamos parte entusiasmados) han hecho de la tecnología.
Solo voy a responder la 8: Microsoft puede perder terreno con windows o ie, pero para que ms pierda poder falta (aunque talvez nunca pase) minimo 20 años, porque no hay que olvidar que las competencias como google basan todo su negocio en 1 o 2 productos, pero en cambio microsoft tiene windows, search.msn.com, MSNBC, blogs, ie, XBOX, msdn, hotmail, PDAs, smartphones, TV sobre IP, office, etc, etc y etc....
Mas que una respuesta puntual, quiero marcar una noticia que le falta al texto anterior y es la demora por los que administran internet en resolver los dominios xxx, para facilitar el bloqueo de páginas con contenido de sexo sean accesibles a niños. El propio presidente de USA solicita se impulse el proyecto, pero mas que un avance tecnológico es un gran comercio mundial contra cualquier otro sentido que se le quiera encontrar.
Mucha historia pero, a la hora de mejorar....
visite http://news.bbc.co.uk/2/hi/technology/4155568.stm
Vale la pena.
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