Hace unos días se inició la campaña Petition for guaranteed public access to publicly-funded research results en los países de la Comunidad Europea, con el objetivo de solicitar el acceso libre, público y universal a los resultados de las investigaciones que hayan sido financiadas con fondos públicos. Esta iniciativa se enmarca en una tendencia creciente de uso de las nuevas herramientas para difundir contenido de distinto tipo, que destaca el valor de la inteligencia colectiva por encima de los aportes individuales.
En enero 2006, la Comisión Europea publicó un estudio sobre la evolución económica y técnica de los mercados científicos de la publicación de Europa, para el cual se consultó a los distintos actores del proceso de la comunicación: investigadores, inversionistas, editores, bibliotecarios, controladores de la política de investigación, etc. El estudio señala que la difusión y el acceso a los resultados de las investigaciones es fundamental para el desarrollo de las mismas y plantea una serie de recomendaciones para mejorar la visibilidad y utilidad de estos resultados.
La campaña hace hincapié en la necesidad de poner en práctica dos recomendaciones que el estudio propone para el nivel europeo: 1) establecer una política europea que establezca que las investigaciones publicadas estén disponibles en archivos de acceso abierto y 2) que los Estados miembros exploren con las asociaciones académicas y de investigación cómo llevar a cabo tales políticas.
En esta línea avanzan otros proyectos de menor alcance, como el que desarrolla en Francia el Centro de Comunicación Científica Directa (CCSD), en el marco del movimiento internacional Archivos abiertos, que consiste en una plataforma para la publicación libre de las investigaciones realizadas en las principales instituciones científicas de ese país. En otro ámbito, la Universidad Complutense apuesta al acceso abierto a la literatura científica, al poner casi todas sus revistas en acceso libre y gratuito.
Estos proyectos recuperan el espíritu abierto y libre de la Web, tal como la concibió su creador, Tim Berners-Lee, y encuentran también no pocas resistencias por parte de las grandes editoriales comerciales norteamericanas que esgrimen como argumento que para asegurar la calidad del conocimiento publicado este debe estar sujeto al control editorial. El debate que sigue es historia conocida.
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