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¿Sociedad del conocimiento o “sociedad de la ignorancia”?

El libro La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos, editado recientemente por la organización Infonomia y escrito por los especialistas Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos, problematiza una visión parcial y simplificadora de la postulada “sociedad del conocimiento”. Con posibilidad de ser descargado gratuitamente, el texto forma parte del proyecto “La segunda edad contemporánea”.

“Vivimos, gracias a la tecnología, en una Sociedad de la Información, que ha resultado ser también una Sociedad del Saber, pero no nos encaminamos hacia una Sociedad del Conocimiento sino todo lo contrario. Las mismas tecnologías que hoy articulan nuestro mundo y permiten acumular saber, nos están convirtiendo en individuos cada vez más ignorantes. Tarde o temprano se desvanecerá el espejismo actual y descubriremos que, en realidad, nos encaminamos hacia una Sociedad de la Ignorancia”, comenta Antoni Brey en el primer ensayo, que da título a la obra.

En educ.ar no somos ajenos a los debates en torno a la denominada sociedad del conocimiento. Ya sea desde la preguntas: ¿Educar para qué tipo de sociedad del conocimiento?, o ¿Para qué deberíamos educar en la sociedad del conocimiento?, promovemos aquellas iniciativas que incentivan la reflexión o un abordaje crítico de la temática.

Editado en mayo de 2009, La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos comporta un cruce de lanzas con aquellas posiciones acríticas, promotoras de recetas netamente positivas y negadoras de las nuevas desigualdades aparejadas por una promesa devenida cliché. A lo largo de sus tres ensayos asistimos a un análisis crítico de aquellos factores que, en forma recursiva y relacional, son producto/productores de una sociedad cada vez más próxima a la ignorancia (Brey), el desconocimiento (Innerarity) y la incultura (Mayos). Entre las variables observadas podemos encontrar:

-La infoxicación: supone una “intoxicación” por exceso de información, que dificulta la discriminación entre lo importante y lo superfluo. Asociada al desánimo, la impotencia y la carencia de capacidad crítica, la infoxicación promueve la aceptación sumisa de “visiones tópicas prefabricadas”.

-Los saberes parciales alejados de una “sabiduría integral” que colabore a reflexionar sobre nosotros, los otros y el mundo (de manera sinérgica).

-La figura del especialista: alude a aquel individuo abocado únicamente a su disciplina, encerrado/clausurado en su comunidad de pares (“comunitarismo autista”), subordinado por entero al aparato productivo, preocupado por su capital simbólico y desinteresado de los saberes ajenos a su campo de práctica, reacio a la divulgación de conocimientos válidos para la construcción de una ciudadanía crítica, comprometida y movilizada.

-La mercantilización del conocimiento, enemiga del conocimiento “improductivo” y subordinada a los intereses y vaivenes del mercado.

-La formación permanente con fines netamente laborales, rayana con el gatopardismo y escindida de las múltiples dimensiones del saber.

-La negación del “no-saber” y su peligrosa reducción/simplificación al mero error o imperfección. Daniel Innerarity, recuperando a los autores Wolfgang Bonss y Peter Wehling, comenta al respecto: “…resulta necesario desarrollar una cultura reflexiva de la inseguridad, que no perciba el no-saber como un ámbito exterior de lo todavía no investigado (…) sino como algo constitutivo del saber y de la ciencia. Lo que no se sabe, el saber inseguro, lo meramente verosímil, las formas de saber no científico y la ignorancia no han de considerarse como fenómenos imperfectos sino como recursos (…) Hay asuntos en los que, al no haber un saber seguro y sin riesgos, deben desarrollarse estrategias cognitivas para actuar en la incertidumbre”.

-La cultura del consumo y el espectáculo, acólita de una sobreexposición donde es menos importante el ser que el parecer. Dicha cultura está anclada en lo superfluo y promueve la aceptación beneplácita de la ignorancia como un valor social positivo, lindante con lo simpático y glamoroso.

-El tempo moderno, amigo de la inmediatez, la aceleración, y del tiempo como recurso económico.

-La pérdida de participación ciudadana y el repliegue de la esfera de lo público (agorafobia) frente al recogimiento en el ámbito privado.

La interrelación de dichos factores, entre otros, echaría por tierra las posibilidades y promesas de cualquier avance científico-técnico y/o educativo, pues el problema anidaría en lo profundo de la matriz técnica. Así, fenómenos como la virtualidad, el crecimiento del espacio digital y el desarrollo de las TIC también son puestos bajo la lupa. Asociados a las posibilidades presentes de producir y relacionarnos con el saber existente, y por tanto con su consabida dificultad de análisis, las TIC trasuntan el desafío de oscilar entre su potencial y la abyección.

“Es evidente que, a nivel profesional, el uso cotidiano como herramienta de trabajo de potentes ordenadores personales conectados permanentemente a una red global está modificando el ritmo y la secuencia de nuestros procesos mentales. Hoy es habitual manipular varios documentos a la vez mientras se recaba información en Internet, se atiende el correo electrónico o se mantienen conversaciones simultáneas a través de los servicios de mensajería instantánea. Ciertamente, desde un punto de vista productivo somos más eficientes, pero también se ha incrementado sensiblemente la complejidad de la mayoría de procesos, y el inmenso caudal de información que recibimos y que debemos gestionar amenaza con provocar nuevas formas de ansiedad”, explica Antoni Brey.

La órbita educativa, creada históricamente para la transmisión de conocimientos y caja de resonancia del conjunto social, no sería ajena a estos devaneos. “Muchas de las tensiones que rodean la educación son expresiones de las contradicciones en los valores y las prioridades de la sociedad, y forman parte del precio que hemos de pagar por vivir en un entorno opulento al cual, de hecho, no estamos dispuestos a renunciar”, prosigue Brey. Fenómenos tales como la incapacidad de concentración, la asimilación de conceptos “predigeridos”, el “corte y pegue” y el analfabetismo funcional son el reverso de la moneda que nos ofrece este modelo productivo.

“Hablando con sencillez, la sociedad del conocimiento, ultraespecializada y a lomos de las TIC, amenaza a sus ciudadanos con la obsolescencia en todos los campos en los que no sean expertos profesionales. Brevemente: la sociedad del conocimiento no solo se solapa con la sociedad de la incultura, si no que la crea o –al menos– la pone en toda su evidencia”, sentencia Gonçal Mayos.

Frente a la necesidad de abogar por un pensamiento complejo, abierto y recursivo; al compromiso ciudadano con lo público; y al desafío de construir un conocimiento para la vida (y para todos) –en un tiempo histórico signado por nuevas formas de socialización, producción y acceso al conocimiento-, creemos importante recuperar un factor insustituible: el humano.

Capaces de ese “salto a lo imposible”, y de no quedar atrapados en la clausura del “tecnologismo” (Schmucler 1996, 2), apostamos al rol de maestros y maestras devenidos intelectuales orgánicos. Recuperando las palabras dedicadas por el periodista Mario Wainfeld al fallecido comunicólogo Oscar Landi, suscribimos a una “…hipótesis de qué es lo que define a un intelectual. No pensar, que lo hacen todos los humanos. Ni pensar mucho, que lo hacen los neuróticos. Ni pensar bien, que lo hacen los inteligentes. Lo que pinta al intelectual es su aptitud para hacer pensar a los otros”.

Más lecturas:
-Descargar La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos.

-Para ingresar al sitio web de Infonomía.

-Deleuze, Gilles. “Postdata sobre las sociedades de control” (traducción de Martín Caparrós). Dossier, Universidad Autónoma de Madrid.

-Schmucler, Héctor (1996). “Apuntes sobre el tecnologismo y la voluntad de no querer”, en Revista Artefacto. Pensamientos sobre la Técnica, Nº 1. http://www.revista-artefacto.com.ar


1 Comentario

  1. José Ramiro Ortega . Febrero 15, 2010 16:50

    Estupendo material y los enlaces que ofrecen para profundizar en la lectura de una problemática que nos afecta en toda Latinoamérica. Voy a hacer circular estos textos entre mis alumnos de una Universidad Pública Mexicana, gracias y un saludo.