"Tenemos un programa que se llama Grobo Gestión, desarrollando talentos, que tiene que ver con el tema de mejorar las competencias de los talentos para afrontar un siglo XXI que es un siglo totalmente diferente, que funciona diferente".
El desarrollo económico de un país está estrechamente vinculado a la educación, en especial en el marco de la sociedad de la información, en especial en el caso de educación y tecnologías y en especial en el caso de la Argentina. Algunos grupos empresarios entienden que las cuestiones educativas no son exclusivas de escuelas o educadores: ni en cuanto a medios ni en cuanto a objetivos. Y, cuando se logra una buena articulación entre lo empresarial y lo educativo, fundada en valores como la solidaridad, la eficiencia y la creatividad, se llega a muy buenos resultados a partir de los cuales ganan tanto la educación como el mundo empresarial.
Este es el tipo de proyectos que lleva a cabo la Fundación Emprendimientos Rurales Los Grobo, vinculada a la empresa agropecuaria Grobocopatel. El fomento de la lectura, la conectividad de escuelas rurales, las prácticas de innovación educativa, los jóvenes emprendedores, la educación para la democracia, nada parece ser ajeno al universo de emprendimientos que esta fundación está llevando a cabo en la zona de Carlos Casares, en la provincia de Buenos Aires. ¿Cómo articular el mundo empresarial y el educativo, la ganancia y la formación, la eficiencia y la creatividad? Sobre estos temas entrevistamos a Gustavo Grobocopatel, ingeniero agrónomo con una importante trayectoria en organizaciones sociales e interempresarias, y en la actualidad vicepresidente y gerente general del grupo Los Grobo S.A.
—Ustedes tienen una Fundación que desarrolla varias tareas en todo lo que es emprendimientos rurales, y le dan un lugar importante al área educativa. ¿Cuáles son las principales líneas que están trabajando desde la Fundación en esta área, y qué lugar estratégico piensan que tiene la educación en todos los emprendimientos?
—Me gustaría decirle que para nosotros este tema de la Fundación está en el marco mucho más amplio de la actividad de la empresa: nosotros concebimos que es la responsabilidad que tiene la empresa frente a la comunidad. Hace poco decía que el objetivo de mi empresa es educar, y que el beneficio económico es la consecuencia de eso, la plata después viene. Si uno tiene clientes educados, si uno tiene proveedores educados, si la sociedad en la que está la empresa es educada, seguramente a su empresa le va a ir bien y además todos van a preferir a su empresa porque su empresa entiende que la educación y el conocimiento son claves. Si uno tiene una empresa que tiene esos actores alrededor, seguramente va a ganar plata. Entonces, bajo ese lema, el tema educativo no sólo es lo que tiene que ver con la relación de nuestra empresa con la sociedad, que sería la Fundación –la Fundación es el instrumento de relación de la empresa con la sociedad–, sino lo que pasa adentro de la empresa. La empresa invierte muchísimo tiempo y dinero en educar y en capacitar a la gente que trabaja directamente allí o a la red de Pymes que se articulan alrededor de la empresa. Nosotros tenemos un programa que se llama Grobo Gestión, desarrollando talentos, que tiene que ver con el tema de mejorar las competencias de los talentos para afrontar un siglo XXI que es un siglo totalmente diferente, que funciona diferente.
La forma en que nosotros proyectamos esta filosofía de la empresa al resto de la comunidad es a través de la Fundación. La Fundación proyecta esta visión/misión de la empresa y la articula con actores sociales diversos, y tenemos varios programas. Uno se llama Potenciar y es un programa de mejora de las escuelas, que abarca los planos de la educabilidad, la calidad en la gestión de la escuela, la capacitación de docentes y todo el tema de la infraestructura para que eso pueda ocurrir. Son proyectos para los que se llama a concurso, y los mejores son los seleccionados y a los que se les da prioridad.
Otro proyecto se llama La clase: un equipo de alto rendimiento, que es una experiencia de innovación en el aula que tiene que ver con la exploración de las fronteras del conocimiento: cómo la gente o los alumnos acceden al conocimiento. Entonces, el aula se transforma en una especie de laboratorio donde el alumno va a investigar, a acceder a la información y fundamentalmente a transformar esa información en conocimiento. El aula tiene otra geometría: no hay asientos; hay espacios de contacto con la información: bibliotecas, videotecas, conectividad a internet, y el docente es alguien que facilita ese tipo de experiencia. Finalmente los alumnos hacen puestas en común usando tecnologías nuevas –power point, flash, etc.–, con lo cual acceden a nuevas habilidades de comunicación.
—¿Están haciendo algún tipo de evaluación de rendimiento de este programa?
—Todavía no, porque es muy nuevo, recién se está implementando. La palanca de La clase: un equipo de alto rendimiento no es la tecnología, aunque es tecnología-intensivo; son las relaciones humanas, es cómo generar un espacio donde a los chicos se los desarrolle como seres humanos y se transformen en un equipo. La diversidad potencia; no queremos que todos sean iguales, queremos que sean distintos, pero que no sean ni menores ni mayores, que sean diversos.
El tercer proyecto que tenemos se llama La escuela de jóvenes emprendedores. Este proyecto es viejo, tiene tres años, se hizo antes de la Fundación. La escuela se convierte en un espacio de educación informal: los jóvenes de 13 a 15 años van fuera del horario escolar a desarrollar conductas emprendedoras, haciendo empresas, proyectos de voluntariado social, etcétera, etcétera…
El cuarto proyecto es una Incubadora de empresas que pensamos que, en el futuro, puede ser también un espacio de realfabetización para trabajadores que están fuera del trabajo formal. Actualmente funcionan tres escuelas CDI, que son escuelas de alfabetización digital donde la gente se capacita haciendo una empresa: ese es el espíritu de las escuelas CDI.
—El sociólogo Manuel Castells, hablando de la Sociedad de la Información, señala que una persona que empieza su vida profesional ahora va a cambiar de puesto de trabajo y de profesión por lo menos tres o cuatro veces; lo que estudió en el bachillerato no le va a servir, en su vida profesional tiene que aprender y volver a aprender…
—Es así –y yo tengo en mi mesa de luz a Castells–: además de todo eso, los trabajadores nuevos tienen que capacitarse permanentemente y tienen que seguir trabajando, y tienen que capacitarse en la acción, en el trabajo, porque estas nuevas capacidades necesitan la acción. Por lo cual yo digo que la gente no va a la universidad, la universidad va a la gente. Por eso nuestra empresa tiene una sala de videoconferencias donde dictamos postgrados, tuvimos un ciclo muy exitoso el año pasado con la Universidad de Harvard, programas de e-learning, muchos programas de capacitación en el trabajo. Este programa Grobo Gestión en un principio se iba a llamar “Universidad Corporativa” –le sacamos el nombre de universidad porque tiene otras connotaciones en la Argentina, distintas a las que le queríamos dar– pero tiene que ver con esto que Ud. dice: la capacitación permanente y en el trabajo.
—La Fundación de ustedes también es un buen ejemplo de articulación de los distintos sectores: lo público, lo privado, lo empresarial. ¿Qué resultados puede comentarnos?
—Nosotros creemos que en la Argentina el problema que hay es un problema de capital social, de esa falta de articulación, de esa falta de generar visiones compartidas a través de la confianza. Entonces, la Fundación sigue un poco esa idea de nuestra empresa: es un espacio de articulación de intereses de distintos sectores: público, privado, ONG. Ese espacio de articulación se manifiesta en que los proyectos que hacemos nosotros son proyectos colectivos, no son proyectos de nuestra empresa. Buscamos que los proyectos sean de varias empresas, de varias Fundaciones, del ministerio con la empresa, de la empresa con la universidad: siempre buscamos esa articulación porque nos parece, además, que un país como el nuestro en un siglo turbulento y complicado como este va a salir cuando se resuelva positivamente esta articulación entre el sector público y el privado.
Fecha: Octubre de 2006
hola me gusta muchos el enfoque de esta pagina ,sobretodo lo sigo con mucha atencion los debate del ingeniero.
me gustaria recibirlo en mi mail.saludos
dra gimenez judith
me parece genial la entrevista le pueden preguntar si tienen coraje que este personaje con su socio fue presidente de la fundacion agronomia de la u,b,a ... durante 8 años y que su socio el ex decano vilella hoy subsecretario en la provincia declare en nota de pagina 12 que es amigo de este personaje y diga que nunca le dio un peso sin que el periodista se lo pregunte se llevaron puesta la facultad y tienen el coraje de criticar al gobierno de cristina no tengo nada con este gobierno pero estos personajes todavia hablan hoy en perfil con la entrevista de la periodista que no la quiero nombrar me hace mal a la salud con solo verla le dijo que le quiere dar clase de economia al ministro de losteau seguro que es para llevarse puesto el gobierno con su propuesta del saqueo al pueblo como hizo con la facultad que vancamos los ciudadanos comunes ,,,espero respuesta gracias
Este señor también produce esto:
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas
mayorías. Qué duro es ver que el gobierno nacional y
los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices
necesarios del país sojero. Qué duro es ver cacerolas
relucientes y llenas de soja RR en el asfalto
civilizado de Buenos Aires. Que duro es ver las
cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de
Santiago del Estero. Que duro es ver a los estudiantes
de universidades argentinas con sus carteles de apoyo
a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che
Guevara pudieran darse la mano. Que duro es recordar
que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes
movilizados y esas familias temerosas del
desabastecimiento no salieron a la calle cuando los
terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias
y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué
duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes
sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el
rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana
sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la
soja. Qué duro es ver que se cortan las rutas para que
China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para
que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus
agroquímicos. Qué duro es comprobar, con los dientes
apretados, y con el corazón desierto y sin bosques,
que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados
de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su
cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato
sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del
monte. Qué duro es ver con las manos y tocar con los
ojos que nadie habló en nombre de los campesinos
echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones
judiciales sin justicia para que ingresen el
endosulfán, las promotoras de Basf y las palas
mecánicas con aire acondicionado. Qué duro es saber
que nadie habló en nombre del suelo destruido por la
soja y por el cóctel de plaguicidas. Qué duro es
comprobar que muchos productores, gobiernos y
ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados
por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los
cultivos industriales. Qué duro es saber que para
fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes
templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la
soja los romperá en mucho menos tiempo. Qué duro es
recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue
destrozado, y que funcionarios y productores no ven o
no quieren ver que la única forma de tener un país más
sustentable es conservar al mismo tiempo superficies
equivalentes de ambientes naturales y de cultivos
diversificados. Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza
irónicamente sus actividades destruyendo ese monte.
Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja
el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los
funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.
Qué duro es saber que miles de Argentinos están
expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que
miles de personas enferman y mueren para que China y
Europa puedan alimentar su ganado con soja. Qué duro
es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán,
2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema
hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y
que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron
por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace
estudios epidemiológicos. Qué duro es saber que los
bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las
cuencas hídricas donde se fabrica el agua son
invadidas por cultivos, y que Argentina está
exportando su genocidio sojero a la Amazonia
Boliviana. Qué duro es comprobar que las cacerolas
relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras
y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre
de las exportaciones se violan todos los días,
impunemente, los derechos de generaciones de
Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver
las imágenes por televisión, los piquetes y las
cacerolas mientras las almas sin tierra de los
campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni
piquetes, ni cacerolas que los defiendan. Qué duro es
comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche
solo circularán en la casi clandestinidad mientras
Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras
las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro
chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19
millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras
miles de niños argentinos duermen sin saber que su
sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez
tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua.
Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a
la cocina.
Dr. Raul A. Montenegro, Biologo
Presidente de FUNAM
Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia).
Profesor Titular de Biologia Evolutiva,
Universidad Nacional de Cordoba (Argentina)
que duro es el progreso, Don,¿no?.
Que duro es cuando se crea riqueza en cuya creación uno no tiene nada que ver. Que duro es ver que conceptos ecológicos como biodiversidad, se vuelven cuasi valores éticos.Que duro es ver a los burgueses urbanos repetir pavadas pintadas de verde.
que dificil que se hace en esta argentina discutir algo, todo es blanco o negro, les parece bien, a mi no, recomiendo que la gente no demonize a la gente como los grobo, y que tampoco sea eclipsado y decir que todo lo que hacen esta bien, lo mismo para los defensores de los grobo con respecto a los ecologistas, muchachos busquemosle la vuelta lleguemos a un acuerdo, sembremos de la mejor manera, y los ecologistas creen cosas positivas con esta gente no en contra de ellos, saludos de un bolivarense.
no entendi la nota, alguien me puede mandar un resumen con palabras mas faciless ?gracias
desearia comunicarme con uds ,yo estube el 23 de dic. 2009 en algarrobo de carlos c.para visitar las tumbas de mis bisabuelos y vi q. fueron profanadas y no estan identificadas ,yo trato de comucarme por tel. pero nunca contesta ,quisiera saber algo al respecto .mi padre era nacido en casares se llamaba julio grunmann .gracias
desearia que comuniquen conmigo
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