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Sandra Szir: Infancia y cultura visual

"Muchas veces se transmite que la lectura, aunque sea de un texto malo, es buena en sí misma, mientras que el consumo de imágenes implica una pasividad en la recepción que por supuesto resulta negativa. Y el consumo de imágenes no implica pasividad del receptor: una imagen es un estímulo intelectual y emocional tanto para chicos como para adultos."

¿Quién es Sandra Szir?

Licenciada en Artes, magister en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural, y doctoranda en Filosofía y Letras por la UBA. Profesora adjunta en Historia de la Comunicación Visual en la carrera de Diseño Gráfico de la UBA. Investigadora del Instituto de Teoría e Historia del Arte Julio E. Payró, de la UBA. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes.

Hoy prepara su tesis de doctorado sobre la revista argentina Caras y Caretas, con la dirección de Roger Chartier y J. E. Burucúa.

Es autora del libro Infancia y cultura visual. Los periódicos ilustrados para niños (1880-1910), en el que presenta su investigación sobre los periódicos ilustrados para chicos que surgieron en tiempos de la gran expansión industrial y la urbanización capitalista. Szir analiza allí los aspectos visuales y gráficos de los objetos impresos dirigidos a los niños (ilustraciones, diseño, tipografía, relación texto-imagen) en el contexto histórico en el que se producen.

Este estudio le permite cruzar temas como la historia del libro, la historia de la educación y el tipo de lector infantil ideal al que apelaban esos periódicos ilustrados, a diferencia de las revistas para niños de la actualidad.

En esta entrevista –que ilustramos con imágenes de las viejas revistas infantiles– nos habla sobre la relación entre infancia y cultura visual desde un punto de vista histórico: cómo fue en el pasado y cómo es en el presente. El lenguaje de las imágenes vs. la lectoescritura; la sobrevaloración de la lectura de textos vs la desvalorización de la lectura de imágenes; el desplazamiento de la cultura impresa hacia la cultura digital son los temas sobre los que aquí nos habla.

Por Mónika Klibanski y Verónica Castro


—¿Por qué ha elegido investigar sobre ese período histórico en particular, y sobre materiales destinados a un lector tan especial como el infantil?

—Siempre sentí una particular atracción por los objetos producidos para la infancia, y sobre todo los del siglo XIX. Es un tema que permite cruzar intereses diversos, como la historia del libro y de los objetos impresos, la historia de la educación y la de la lectura, las revistas y sus consiguientes relaciones con lo político, lo social, lo estético, lo tecnológico. En cuanto al período, la construcción de un corpus de investigación, las elecciones, derivan a veces de la existencia en bibliotecas o archivos del material con el que se va a trabajar. Busqué los periódicos infantiles más antiguos, y los que encontré –La ilustración infantil, de 1886, Diario de los niños, de 1898, y Pulgarcito, de 1904– si bien no eran muchos me permitieron plantear algunos problemas, relaciones entre ellos y con el contexto histórico. Resultó finalmente ese período, que es muy interesante ya que es un momento de profundos cambios en la prensa periódica.


—¿A qué lector infantil ideal apelaban estos periódicos ilustrados (revistas) a diferencia de las revistas para niños que encontramos hoy en los kioscos?

—Sobre todo en los dos primeros que trabajé, La ilustración infantil y Diario de los niños, se apela fundamentalmente al lector escolarizado, aunque no masivo; es más bien el lector de la burguesía, y fundamentalmente con la idea pedagógica de formarlo en los valores que concernían a la nación que se estaba formando, pero en una moral religiosa.

Pulgarcito, en cambio, responde a una moral laica e incorpora la idea de un lector más activo, más relacionado con el juego y la lectura por placer, aunque nunca dejando de lado el aspecto didáctico de los mensajes. Pero se empieza a ver en esa revista la necesidad de atraer lectores, y compradores, comienza a permear los contenidos del periódico. Hoy en día me parece que dominan esas cuestiones, creo que lo que se destaca son las necesidades del mercado: si uno ve lo que ofrecen los kioscos va a ver los personajes infantiles populares en grandes y coloridas imágenes, ya sea de Disney u otros, y publicaciones que se acompañan de películas, muñecos u otros objetos. Si en el siglo XIX las imágenes grabadas se presentaban como un valor agregado y como elemento que podía atraer al consumidor, actualmente son esos objetos los que pretenden guiar hacia la lectura de la publicación.


—El concepto de infancia que circula por el imaginario social puede ser analizado desde múltiples perspectivas; Ud. investigó la relación de la infancia con la cultura visual. ¿Podría caracterizar –a grandes rasgos– esta relación haciendo un recorte de los momentos históricos en nuestro país? Y ¿cómo han afectado estos cambios en el consumo de imágenes de los chicos en su desarrollo intelectual y emocional?

—Las etapas en ese sentido no son fáciles de definir, deberían armarse categorías que permitan articular los aspectos históricos con los cambios en las posibilidades de reproducción de imágenes, para poder distinguir las etapas. Supongo que a medida que las posibilidades reproductivas de las imágenes crecieron, la relación entre los niños, la cultura visual y también la educación fueron mutando. La aparición de la televisión, la masificación del cine y recientemente la computadora, internet y la digitalización no pueden haber dejado intactas la relación entre los receptores infantiles y el consumo de imágenes. De todos modos, en todos estos medios el consumo de imágenes está mezclado con otros lenguajes, música, palabras.

Cuando se habla de consumo de imágenes estamos hablando de un terreno muy amplio, ya que justamente a partir de las posibilidades técnicas de reproducción la imagen está por todos lados.

Habría que analizarlo en toda su complejidad, sin caer en la simplificación que aparece muchas veces respecto de la sobrevaloración de la lectura, acompañada de una desvalorización del consumo de imágenes. Muchas veces se transmite que la lectura, aunque sea de un texto malo, es buena en sí misma, mientras que el consumo de imágenes implica una pasividad en la recepción que por supuesto resulta negativa. Y el consumo de imágenes no implica pasividad del receptor: una imagen es un estímulo intelectual y emocional tanto para chicos como para adultos.


—De lo que encontró en los antiguos periódicos ilustrados para niños ¿qué fue lo que más la sorprendió?

—Hay muchos elementos que sorprenden: la manera de dirigirse a los lectores, el tipo de mensajes didácticos que apelan en forma reiterada a la patria, la familia, a Dios, cierto carácter represivo en lo que se refiere a las conductas del niño hacia los demás. Otro elemento que se destaca son las diferencias de género, el rol tan marcado de la mujer en relación con el hogar y la educación de los hijos. Pero por otra parte, son impresos visualmente muy atractivos, con imágenes muy cuidadas y siempre presentes.

Esperanza del hogar

"Esperanza del hogar", La ilustración infantil. Cortesía Biblioteca Nacional

Pulgarcito

Pulgarcito. Cortesía Biblioteca Nacional

Fumador a destiempo y malcriado

"Fumador a destiempo y malcriado", La ilustración infantil.

Pulgarcito

Pulgarcito.


—Cuando un investigador trabaja sobre materiales antiguos, la búsqueda resulta difícil. Usted consultó varias bibliotecas del país y del exterior, ¿qué nos puede contar de esa experiencia, qué diferencia encontró entre las bibliotecas nacionales y otras del mundo?

—Las diferencias son grandes. Investigar en nuestro país es una tarea ardua, en la que uno se encuentra con colecciones y catálogos incompletos; carecemos de bases de datos que sirvan de referencia, y muy a menudo el acceso a los materiales es complicado. A veces se trata de escasez de recursos, pero no siempre. Ahora hay ciertos proyectos de digitalización que son bienvenidos. Hay excepciones: la Biblioteca Nacional de Maestros tiene buen catálogo y muy buen servicio, consultar y fotografiar ahí el material fue mucho más fácil que en la Biblioteca Nacional. Las bibliotecas en algunos países brindan grandes posibilidades, pero también hay que saber qué hacer con ellas.


—En un momento en que los jóvenes se inclinan por la imagen, las pantallas y la iconografía, en que la escuela experimenta con la computadora, internet, el cine, el libro álbum (un nuevo género en la literatura infantil donde predomina la imagen), ¿cómo abordar la formación de lectores de imágenes?

—En primer lugar, los nuevos medios no implican necesariamente sólo la lectura de imágenes; en internet se lee también, los nuevos medios nos presentan, como muchos de los antiguos, imágenes y textos articulados. Los libros ilustrados y los periódicos también tenían esas mismas características.

Ahora bien, con respecto a la lectura de imágenes no puede enseñarse del mismo modo que la lectoescritura, ya que el lenguaje de las imágenes no es un lenguaje como el alfabeto en el cual cada signo implica un sonido. Las imágenes son simbólicas, sí, pero como todo símbolo dependen en gran medida del contexto que lo produce y que lo recibe. Un elemento importante es entender que las imágenes transmiten sus mensajes de un modo y que las palabras de otro, no es traducible, no es reductible, lo mismo que dice una imagen no puede ser dicho en un texto, y ese agregado tiene que ver con lo visual.

Pero también pueden comprenderse algunos elementos visuales básicos, formales, lo que no garantiza que se puedan aprehender los sentidos más profundos de una imagen. Esos sentidos pueden entenderse haciendo relaciones, relaciones con el contexto cultural, social, político y económico que da vida y sentido a esa imagen. Siempre es un proceso complejo, que requiere competencias intelectuales que varían según el contexto y la imagen, y que son histórica y culturalmente relativas. Comprender las funciones de las imágenes en determinados contextos también puede ser una posibilidad de lectura.

Pero, por otro lado no creo que los chicos deban aprender a mirar imágenes como un especialista o como un crítico de arte. Todo el mundo ve una imagen y algo le produce, emocional, intelectualmente, le surgen relaciones, evocaciones, aunque no puedan verbalizarlo.


—Los nuevos formatos en el mundo de la comunicación han llevado a muchos autores a preguntarse, por ejemplo, si el libro en papel está viviendo su etapa final. ¿Qué destino tendrá la cultura impresa?

—Muchos hablan de la “muerte del libro”, y yo creo que no deja de ser una hipótesis plausible. Los nuevos medios de transmisión de mensajes son más económicos, más fáciles de producir y permite un acceso fácil y a una escala mucho mayor. Hay autores que dicen, sin embargo, que la cultura impresa está incluso en expansión, y otros nostálgicos sostienen que los nuevos medios no pueden dominar ya que no están ligados a la sensibilidad cultural de nuestra sociedad acostumbrada a un contacto físico con el objeto impreso, ya que el libro es un objeto del cual uno se puede apropiar, llevar consigo, intervenir.

Hoy en día eso está cambiando en forma muy acelerada, y si la historia demuestra que el códex o libro en forma de cuaderno desplazó al rollo, y que el libro impreso desplazó en su momento al libro manuscrito, ¿por qué el libro impreso no puede ser desplazado por el libro electrónico o digital? Si el e-book se expande comercialmente y vamos a tener la posibilidad, a un precio accesible, de tener un artefacto que cómodamente pueda leerse, llevarse consigo y que contenga no un libro, sino quizás muchísimos, con posibilidad de ser intervenido, subrayado, marcado y con las posibilidades del hipertexto, es decir, buscar rápidamente un término en los otros textos del mismo artefacto, es muy probable que sea cada vez más aceptado.

Pero seguramente van a cambiar muchas cosas, ya que las prácticas y modos de apropiación de las lecturas tienen estrecha relación con los medios a través de los cuales esos textos llegan a nosotros, sin caer en un determinismo tecnológico a lo McLuhan.

Armando Petrucci, un historiador italiano del libro, afirma que la cultura impresa representó un modo de democratización, lo impreso tuvo la posibilidad de llegar potencialmente a todo el mundo, a diferencia del libro manuscrito cuyo consumo era muy restringido. Ahora, los nuevos medios y la cultura digital puede representar también una posibilidad de democratización, pero ya no en términos de recepción sino en el sentido de la producción. El hecho de que muchos individuos o instituciones puedan tener su propia página web con el potencial de transmitir un mensaje a millones de personas es un ejemplo de eso.


—¿Qué diferencias y semejanzas encuentra entre las características iconográficas de los antiguos impresos sobre los que Ud. investigó y las publicaciones digitales?

—Las características iconográficas son muy diferentes. En primer lugar, el modelo de receptor es otro, y de ahí devienen todas las otras diferencias: los contenidos de las imágenes, la experimentación con los lenguajes visuales; los ilustradores hoy se permiten producir una imagen más ambigua, dirigida hacia un chico más activo. Pero por otro lado, han cambiado las técnicas de reproducción de imágenes, los distintos soportes, el color, y otros elementos son muy diferentes de los antiguos grabados en blanco y negro.

Es interesante notar que si bien la cultura visual para la infancia está dominada por el cine y los medios digitales, la literatura infantil es uno de los pocos campos en los cuales permanece viva la ilustración manual. En cambio, en el siglo XIX, toda la literatura se ilustraba, los libros de ciencia, de viajes, los manuales escolares, los periódicos de actualidad. A fines del siglo XIX la fotografía comenzó a hegemonizar la comunicación visual. En al literatura infantil, permaneció la ilustración.


—Su tesis de doctorado, dirigida por Roger Chartier y J. E. Burucúa, en la que trabaja actualmente, versa sobre los aspectos visuales y gráficos de la revista argentina Caras y Caretas. ¿Por qué eligió esa revista? ¿Cuáles son los aspectos más importantes en este estudio y qué estaría aportando esta investigación a la historia de la comunicación visual en nuestro país?

Caras y Caretas surgió en 1898 y es el primer semanario popular ilustrado que alcanzó un carácter masivo. Las características de la publicación tienen que ver con la diversificación de sus contenidos entre satíricos, literarios y de actualidad, y la reproducción de una gran cantidad de imágenes en sus páginas, hecho que resultó inédito para una publicación periódica. De algún modo, Caras y Caretas participó en el proceso de masificación de la cultura visual.

La reproducción masiva en el semanario de esa cantidad de material icónico, entre fotografías e ilustraciones, propició seguramente cambios en la lectura, que de algún modo era en Caras y Caretas más gráfica que textual. Mi trabajo, que aún está en proceso, se basa en el análisis de la articulación entre los aspectos materiales e icónicos de Caras y Caretas, su diseño, sus fotografías, sus caricaturas, sus ilustraciones, el contexto general de la revista, y los modos de producción tanto intelectuales como materiales, y las prácticas de lectura.

Es decir, a través de qué elementos, entre los cuales se encuentran los aspectos gráficos y visuales, Caras y Caretas logra instalarse y logra imponer un modelo de comunicación visual que va a ser largamente imitado por otros medios.


Fecha: Julio de 2007


PARA SEGUIR LEYENDO

Reseña del libro Infancia y cultura visual, por Mónika Klibanski. En: educ.ar (19-06-2007)


7 Comentarios

  1. graciela marcosky. Diciembre 31, 2007 16:57

    feliz año. Me gustaría que te comuniques y reencontrarnos.

  2. graciela marcosky. Diciembre 31, 2007 17:04

    Espero tu respuesta

  3. gabriela. Febrero 25, 2008 23:12

    hola sandra estudio artes combinadas, y estoy preparando un trabajo sobre la relación arte -infancia. ¿Podrás recomendarme algún material sobre el tema?


  4. valeria. Marzo 2, 2008 23:46

    gabriela, estoy armando un archivo de arte e infancia de 1810 a 2008, seria bueno cruzar bibliografia, recomendaciones y demás.

  5. Adriana. Enero 18, 2009 15:07

    Profesora Sandra Szir, hace una año y medio me recibí de Diseñadora Grafica, y siempre me intereso la materia historia (fui alumna suya en historia 1), le escribo para averiguar si existe la posibilidad de estudiar "historia del diseño" a nivel universitario o terciario.
    Mi e mail es avsantiago21@yahoo.com.ar
    (pido disculpas por cometar sobre otro tema).
    Desde ya muchas gracias

  6. liria. Enero 18, 2009 19:53

    INTERESANTISIMO. Prof necesito materiales par ampliar el tema , e investigar en Nivel Inicial. Desde ya gracias, felicitaciones por el articulo. saludos liria

  7. liria. Enero 18, 2009 19:56

    INTERESANTISIMO Prof. Quisiera matriales para ampliar este tema. e investigar en Nivel Inicial. felicitaciones por el articulo. Mi email es liriane 1504@hotmail.com. saludos liria